El siguiente artículo se deriva de uno de los capítulos del libro, Modernidad y posmodernidad (La crisis de los paradigmas y valores), editado por Limusa, el cual es producto del trabajo en equipo de 10 especialistas bajo la coordinación del Dr. Zidane Zeraoui, director del Departamento de Relaciones Internacionales del Campus Monterrey. La obra recoge, desde distintos ángulos de observación, las reflexiones de los colaboradores sobre el estado actual que guarda la situación paradigmática en sus respectivas áreas de conocimiento.
El ya próximo cierre del siglo XX, que a la vez coincidirá con el cambio de milenio, se ha venido a significar en un momento que para algunos no tiene parangón en la historia; incluso han llegado a hacerse afirmaciones tan categóricas como ésta: nos hallamos ante circunstan-cias históricas totalmente inéditas1, pues suponen que, nunca como hoy habíamos presenciado avances tan notables en los más variados ámbitos del conocimiento, algunos de ellos ciertamente difíciles de imaginar hace apenas unas cuantas décadas; sin embargo, sea cierta o no la idea de que vivimos un momento único, históricamente incomparable, sí podemos afirmar que en el transcurso del tiempo no muchos han tenido la oportunidad de presenciar un cambio de milenio.
Si bien hoy en día son múltiples las manifestaciones de júbilo y festejo, no debemos perder de vista que este momento también representa una ocasión idónea para reflexionar en retrospectiva. En ámbitos tan diversos como las ciencias, las artes, la cultura, las comunicaciones e, incluso, las perspectivas religiosas existe ya en marcha un proceso de evaluación en torno a lo realizado hasta la fecha y de lo alcanzado a lo largo de todo este tiempo; incluso se están haciendo exámenes minuciosos de los logros y los fracasos; de los éxitos y de los retos que aún están pendientes.
Ciertamente el fin del milenio exige reflexionar sobre todo lo que hemos avanzado, pero también nos obliga a reconocer las profundas diferencias sociales y económicas que este progreso ha traído aparejado.
Autores como Paul Kennedy con su obra Hacia el Siglo XXI; Modesto Seara Vazquez con La hora decisiva, los Toffler, con Las Guerras del Futuro, El Shock del Futuro o El Cambio del Poder e, incluso, el propio Samuel Huntington, entre muchos otros, plantean desde diferentes perspectivas los grandes desafíos que deberá afrontar la población mundial en el siglo venidero2.
Catástrofes ecológicas, tales como el cambio climático global, el adelgazamiento de la capa de ozono, la erosión de suelos cultivables, la extensión de las zonas desérticas, la pérdida progresiva de bosques, selvas, fauna y flora, entre otros; el agotamiento de recursos naturales; la creciente degradación del medio ambiente, resultado de los altos índices de contaminación del entorno; la gran explosión demográfica, que no sólo significa mayor demanda de recursos y espacio sino el recrudecimiento de rivalidades étnico-culturales, son sólo algunos de los principales focos de alerta que se vislumbran, los cuales, sin lugar a dudas, se verán exacerbados por las crisis económicas recurrentes. Sin embargo, no debemos dejar fuera de la lista los ya viejos temas, que siguen estando presentes en la dinámica de las sociedades, tales como las guerras, el hambre, las enfermedades y la miseria, por sólo mencionar algunos, cuyo flagelo azota a la humanidad desde épocas inmemoriales y que pese al gran avance científico-tecnológico alcanzado, supuestamente reflejado en el progreso material, símbolo de nuestros tiempos, siguen estando presentes, gozando de gran actualidad y no sólo eso, sino que amenazan con hacerse más graves aun.
En función de lo anterior, la coyuntura actual se nos presenta como un momento idóneo para hacer múltiples reflexiones, pero no sólo en torno a la realidad y sus diferentes manifestaciones, cambios y problemas; de hecho, para poder hacer eso, también requerimos de una revisión profunda de los sistemas de creencias, valores y cosmovisiones que han orientado nuestra forma de ver y entender el mundo hasta la fecha, ya sea en perspectiva amplia o partiendo de visiones específicas de un ámbito concreto del saber humano. En otras palabras, requerimos reinterpretar nuestro entorno actual, y para poder hacerlo, tenemos que identificar lo que Thomas Kuhn llama nuestros paradigmas, ya que ellos constituyen la base de este esfuerzo.
Como oportunamente señala Huntington: Si queremos reflexionar seriamente sobre el mundo, y actuar eficazmente en él, necesitamos una especie de mapa simplificado de la realidad, una teoría, concepto, modelo o paradigma. Sin tales elaboraciones intelectuales, sólo hay, como dijo William James, una Œfloreciente confusión de zumbidos¹3.
En el ámbito específico de las relaciones internacionales, bien vale la pena hacer una reflexión sobre la problemática paradigmática que impera hoy en día. En este sentido conviene preguntarnos cuáles han sido los paradigmas dominantes; cuáles siguen estando vigentes; ¿acaso estamos ante un cambio radical de paradigmas, o sencillamente, seguimos haciendo reformulaciones sobre la base de los ya clásicos esquemas?
Estas y seguramente muchas otras interrogantes constituyen el eje central sobre el que gira la discusión teórica de las relaciones internacionales al cierre del siglo, cuya actualidad se hace aun mayor en la medida que el objeto propio de estudio de las relaciones internacionales, es decir, la evolución, dinámica y transformación de la sociedad internacional ha sufrido cambios notables en los últimos años, mismos que requieren ser analizados e interpretados.
Hoy en día prácticamente nadie puede dejar de observar los acelerados cambios que afectan al mundo; nadie puede permanecer al margen de las transformaciones o dejar de inquietarse por el futuro. Sin embargo, no basta sólo con observar, o al menos, no para los internacionalistas. Requerimos encontrar respuestas consistentes desde la perspectiva epistemológica, es decir, desde la forma en cómo conocemos e interpretamos el mundo, y para ello, recuperando la idea ya expresada por Thomas Kuhn, conviene reevaluar la situación actual de nuestros paradigmas.
Para comenzar, debemos hacer una revisión detallada del concepto de paradigma ya que éste, al igual que el de teoría, se ubica como eje central de la discusión en relaciones internacionales. Es más, nos vamos a encontrar que difícilmente podemos hablar de teoría sin hacer referencia, implícita o explícitamente, a una concepción paradigmática. Lo anterior, sin lugar a dudas, nos sugiere que teorías y paradigmas no son lo mismo, como tampoco lo es un modelo, aunque en muchos casos suelan manejarse como sinónimos, por lo cual nosotros debemos partir de una precisión mínima de este concepto.
Thomas S. Kuhn está considerado como el autor clásico y obligado para abordar la problemática paradigmática en las ciencias. A pesar de que su obra: La Estructura de las Revoluciones Científicas, la cual ha sido fuertemente criticada, (pues se le acusó de haber utilizado el concepto de paradigma en más de veintiún sentidos diferentes)4, Kuhn sigue siendo el punto de partida más consistente para el análisis de este tema.
En su trabajo, Kuhn aclara que: se ha valido del término paradigma en dos sentidos distintos. Por una parte, significa toda la constelación de creencias, valores, técnicas, etcétera, que comparten los miembros de una comunidad dada. Por otra parte, denota una especie de elemento de tal constelación, las concretas soluciones de problemas que, empleadas como modelos o ejemplos, pueden reemplazar reglas explícitas como base de la solución de los restantes problemas de la ciencia normal5.
De lo anterior podemos desprender que la primera noción de paradigma se refiere a una constelación de ideas que se convierten en una cosmovisión, mientras que la segunda acepción del término, que no es del todo ajena a la primera sino que se desprende y forma parte de ella, se refiere más a lo que podríamos llamar una matriz disciplinaria, es decir, un conjunto de supuestos epistemológicos fundamentales, a partir de los cuales una comunidad científica determinada (comunidad epistémica) explica el mundo, o la parte del universo que le interesa.
Como el propio Kuhn señala: Un paradigma es lo que comparten los miembros de una comunidad científica y, a la inversa, una comu-nidad científica consiste en unas personas que comparten un paradigma6, por lo que podríamos agregar que, en las ciencias--y las relaciones internacionales no son la excepción--hay escuelas, es decir, comunidades que enfocan el mismo tema de estudio desde puntos de vista encontrados, incompatibles o simplemente divergentes, por lo cual dichas visiones se encuentran en competencia casi permanente generando los llamados debates, ya sean teóricos o paradigmáticos dependiendo de la naturaleza específica de los argumentos. Un paradigma no gobierna un tema de estudio, sino, antes bien, un grupo de practicantes7.
A pesar de que Thomas Kuhn buscó responder a sus críticos con una definición más acotada del concepto de paradigma, tal que superara las deficiencias que llevaban a un uso en más de veintiún sentidos distintos del mismo, el objetivo no se logró por completo; por el contrario, se le siguió acusando de gran ambigüedad en el manejo de su concepto, lo cual ha conducido a que éste siga siendo utilizado de manera muy genérica en la actividad científica en general y en la disciplina de relaciones internacionales en particular, baste como ejemplo revisar la bibliografía existente en este ámbito para darnos cuenta de la ausencia de rigor en su manejo. A este respecto John Vasquez ilustra dicha situación cuando escribe: Keohane y Nye sostienen que las relaciones internacionales están dominadas por un paradigma estatocéntrico, mientras que Handelman et al. afirman que es un paradigma realista el que ha dominado este campo. Mientras que Keohane y Nye, más recientemente han hablado del paradigma realista más que del estatocéntrico; otros, por ejemplo, Ashley, dicen que las relaciones internacionales están en una etapa pre-paradigmática y que hay muchos enfoques conceptuales diferentes y teorías en esta disciplina8. El propio Luis Alberto Padilla habla indistintamente de teoría, modelo y paradigma, en su libro Teoría de Relaciones Internacionales y la Investigación sobre la Paz y el Conflicto 9, confirmando con esto el uso indiscriminado y poco preciso que se hace del concepto en cuestión.
En función de lo anterior es que rescatamos la definición estipulativa que de paradigma elabora John Vasquez, en la que se reconoce que el núcleo de este concepto tiene que ser sustantivo y no metodológico, por lo que un paradigma no es necesariamente lo mismo que una teoría dominante. Primero porque a menudo puede haber más de una teoría en un campo, o cambios en teorías aceptadas, sin producir lo que Kuhn llamaría un cambio de paradigma. Segundo, en cierto sentido, un paradigma es anterior a la teoría; es en primer lugar lo que da origen a las teorías10.
Siguiendo con este oportuno razonamiento de Vasquez: El concepto de paradigma, entonces, podría definirse estipulativamente como los supuestos fundamentales que tienen los investigadores sobre el mundo que están estudiando. Estos supuestos dan respuesta a cuestiones que deben atenderse antes siquiera de empezar a teorizar. Para Kuhn estas cuestiones son: ¿Cuáles son las unidades fundamentales que componen el mundo? ¿Cómo interactúan entre sí estas unidades? ¿Qué preguntas interesantes pueden hacerse sobre ellas? ¿Qué tipo de concepciones van a suministrar las respuestas a tales preguntas? Al responder a estos interrogantes, las ideas fundamentales conforman una imagen del mundo que el investigador está estudiando, y le dicen lo que se sabe del mundo, lo que no se conoce de él, cómo habría que examinarlo si uno quisiera averiguar lo desconocido y, finalmente, qué es lo que vale la pena de conocer.
Un paradigma consiste en un conjunto de ideas fundamentales sobre el mundo; éstas enfocan la atención de los investigadores sobre ciertos fenómenos e interpretan esos fenómenos mediante conceptos. A su vez, las proposiciones se desarrollan especificando relaciones entre proposiciones11. A partir de lo expresado por Vasquez, de acuerdo con Kuhn, podemos señalar que un paradigma, entendido como un conjunto de ideas fundamentales sobre el mundo, se articula y da origen a ciertos conceptos que, desde la perspectiva de ese propio paradigma, adquieren un significado específico. Dichos conceptos, a su vez, se articulan entre sí de manera que permiten formular una serie de proposiciones, las cuales organizadas en cierta manera dan respuesta a una serie de interrogantes concretas sobre el universo específico que está estudiando y, en consecuencia, se formulan teorías que siguen los dictados de una visión paradigmática particular.
La importancia de la reflexión paradigmática, en las relaciones internacionales y en los procesos de conocimiento en general, radica en el hecho básico de que los paradigmas orientan la investigación; nos proporcionan una visión del mundo a partir de la cual podemos ir estableciendo cierto orden al caos aparente en que se nos presenta la realidad. Asimismo, los paradigmas guían la construcción de teorías indicando los hechos o fenómenos significativos para ser explicados a partir de la teorización. En el ámbito concreto de las relaciones internacionales, difícilmente podemos ubicar algún período durante el cual haya existido un único paradigma que dominara el campo total de investigación; por ello, muy probablemente, algunos autores han señalado a nuestra disciplina sugiriendo que no se ha logrado constituir en una ciencia normal, en los términos que Kuhn lo maneja, pues para él, esto sólo se logra cuando supuestamente un paradigma domina un campo. Incluso si consideramos la afirmación kuhniana que sostiene que toda disciplina desarrolla y se construye al mismo tiempo a partir de visiones paradigmáticas, se hace imperativo, entonces, identificar cuáles han sido éstas y cómo han dominado las explicaciones en el área, ya que al identificar los paradigmas existentes en relaciones internacionales, no sólo estaremos ubicando los puntos de vista fundamentales que han orientado la labor de los internacionalistas sino, además, podremos examinar la forma y supuestos sobre los cuales se han formado los profesionistas de este campo.
Además, es necesario preguntarnos: ¿cuál o cuáles paradigmas existen en relaciones internacionales? y de ellos, ¿cuál es el dominante? En relación con estas preguntas podemos señalar que efectivamente nuestra disciplina se halla inmersa en un profundo debate teórico y paradigmático, en el que a pesar de la emergencia de nuevas visiones y propuestas, entre las que destacan los enfoques de la modernidad y la postmodernidad; el globalismo versus el regionalismo; las corrientes integracionistas frente a las tendencias separatistas; el declinismo, el deconstructivismo, la teoría crítica, los enfoques civilizatorios, entre muchos otros más que incluyen una larga lista de neologismos, tal es el caso del neoliberalismo, el neorrealismo, por sólo citar algunos; siguen estando presentes en el debate los paradigmas considerados clásicos para interpretar la realidad mundial.
De acuerdo con Celestino del Arenal, existe un importante grupo de estudiosos de las relaciones internacionales que reconocen la existencia de tres paradigmas fundamentales en el área. No obstante, entre ellos mismos existe una gran variedad de matices no sólo terminológicos, sino también respecto a las características más relevantes de cada una de las visiones que manejan, lo cual se deriva del hecho de que, por paradigma se suele identificar una concepción, una perspectiva, un enfoque, un marco, una teoría o un método12.
Hoy en día, son muchos los autores que reconocen la existencia de tres paradigmas centrales en relaciones internacionales, los cuales se denominan: clásico, tradicional o estatocéntrico; marxista o dependentista; y el llamado científico o de la sociedad global o interdependentista.
La estructura y dinámica compleja, propia de las organizaciones humanas y particularmente de la sociedad internacional, exige de perspectivas analíticas cada vez más amplias y omnicomprensivas de la realidad. Enfoques abarcadores que incluyan la noción de totalidad se imponen como nuevos paradigmas; ya no basta ver el poder y el Estado como ejes de la interpretación; tampoco es suficiente abordar la dinámica mundial en términos estrictamente económicos o comerciales. Incluso las nociones de seguridad internacional se han redimensionado, aunque tampoco debemos de excluirlos.
Estados, grupos, organizaciones, individuos, empresas: todos y cada uno de ellos deben de ser evaluados a través de una nueva perspectiva acorde con la dinámica de nuestros días ya que debemos reconocer que: el análisis de la realidad internacional actual se nos presenta como un gran reto profundamente complejo y ambivalente. Somos testigos de dinámicas de globalización pero también de regionalismo. Hablamos de la cultura mundial, sin embargo, emergen día con día reivindicaciones de carácter nacionalista. Lo general y lo particular se entremezclan13.
Crisis y continuidad; secuencia y ruptura; totalidad y particularidad; no son en realidad dicotomías irreconciliables sino más bien nociones que representan momentos, ideas o situaciones complementarias las cuales reflejan tanto el devenir dialéctico de la realidad internacional como la posibilidad de observarlo de manera igualmente provechosa desde distintos ángulos.
1 .- LAÏDI, Zaki. Un Mundo sin Sentido, México, FCE, 1997, p.27.
2 .- Véase: TOFFLER, Alvin. El Cambio del Poder, España, Edit. Hombre y Sociedad Plaza y Janés, 1990. TOFFLER, Alvin y H. Las Guerras del Futuro, España, Plaza y Janés, 1994. LAÏDI, Zaki. Ob. cit.. KENNEDY, Paul. Hacia el Siglo XXI, España, Plaza y Janés, 1993. FOSSAERT, Robert. Ob. cit. SEARA, Vázquez Modesto. La Hora Decisiva. México, Edit. Porrúa, 1995. HUNTINGTON, Samuel. El Choque de Civilizaciones, España, Edit. Paidós, Estado y Sociedad, 1997. OHMAE, Kenichi. El Fin del Estado-Nación, Santiago de Chile, Edit. Andrés Bello, 1997. WRIGHT R. y MAC MANUS, Doyle. Futuro Imperfecto, Barcelona, Edit. Grijalbo, 1992.
3.- HUNTINGTON, Samuel. Ob cit., p.30.
4 .- Véase MASTERMAN, Margaret. The Nature of a Paradigm (pp.59-89) en LAKATOS, I. y A. Musgrave. Criticism and the Growth of Knowledge, Cambridge, Cambridge University Press, 1970.
5 .- KUHN, Thomas. La Estructura de las Revoluciones Científicas, México, FCE, Col. Breviarios Núm. 213, 1991, p.269.
6 .- KUHN, Thomas. Ob. cit., p.271.
7 .- KUHN, Thomas. Ob. cit., p.276.
8 .- VASQUEZ, John. El Poder de la Política del Poder. Gernika, Madrid, 1991 p.20.
9 .- Véase PADILLA, Luis Alberto. Teoría de Relaciones Internacionales y la Investigación sobre la Paz y el Conflicto, Guatemala, IRIPAZ, 1991.
10 .- Ibidem., p.22.
11 .- Vasquez. Ob. cit., p.18-22.
12 .- DEL ARENAL, Celestino. Introducción a las Relaciones Internacionales. REI, México, 1996, p.26.
13 .- GONZÁLEZ URESTI, L. Araceli Las Aportaciones de la Teoría
General de Sistemas para el Estudio de las Relaciones Internacionales
en CID, Ileana (comp.) Compilación de Lecturas en Relaciones Internacionales
Contemporáneas. F.C.P. y S., UNAM, México, 1998.