Año 15 • Número 58 • Abril 2002


Establecimiento de una huerta de durazno (prunus persica) en el altiplano semidesértico neoleonés bajo condiciones totalmente pluviodependientes

1er. lugar Premio Rómulo Garza por Investigación y Desarrollo Tecnológico 2001

Hugo Velasco Molina



La producción frutícula en el altiplano semiárido de Nuevo León es totalmente factible siempre y cuando: Los árboles se planten sobre terrenos inclinados y en estructuras como microcuencas y terrazas de absorción que permitan un Volumen Anual de Escurrimientos (VAEs) por lo menos igual al Volumen Anual Evapotranspirado (VAEv1), por esa especie en particular y además deberá contarse con agua de lluvia previamente captada y almacenada, para riegos de emergencia. La presente investigación obedece a la inminente necesidad de que nuestros congéneres del semidesierto aprendan una nueva cultura del agua. El establecimiento de esta huerta de durazno se llevó a cabo en el Ejido San Felipe, Municipio de Doctor Arroyo, N. L., y es una de las ocho fases del Proyecto "Agua y Vida", que actualmente conduce la Dirección de Agricultura y Tecnología de Alimentos del Campus Monterrey. En esta fase del proyecto (Producción de frutales), se pretende dar al campesino la opción de producir fruta sin tener al agua como factor limitante. Para este propósito, se diseñó y construyó una huerta con 174 árboles de durazno en un terreno con pendiente, utilizando microcuencas, así como un sistema recolector de agua de lluvia de 220 mil L, para satisfacer las demandas hídricas del cultivo en años cuando VAEs < VAEv. De esta forma el campesino comerá fruta fresca, envasará para el invierno y venderá el resto de su cosecha, después de cubrir los gastos de operación de su pequeña empresa.

Metodología

Lugar de ubicación: La selección del sitio para trazar y establecer la huerta de durazno fue básicamente hecha por los campesinos, quienes opinaron en forma unánime que la huerta debería ubicarse en una parte alta porque en la planicie sería muy expuesto ya que los árboles se helarían con mucha más facilidad. Aceptada la decisión hecha por los campesinos basada en su experiencia, se seleccionó un sitio distintivamente más alto que la planicie del predio ejidal.

La huerta de durazno quedó establecida sobre la falda de la Sierra de Los Hernández (parte de esta elevación queda dentro del Ejido San Felipe), que es un terreno inclinado con 5.2 por ciento de pendiente y un suelo del orden Xerosol háplico (Xh), con fases petrocálcica y petrógypsica [1]. En este terreno se desmontó un área, en la cual quedó cercada una superficie rectangular de 100 m de ancho por 152 m de largo. En la superficie así delimitada, se trazaron 174 microcuencas2 de 72 m2 cada una y en el área de cultivo de éstas se plantaron árboles de durazno con una altura promedio de 40 cm. La plantación se llevó a cabo los días 28 y 29 de junio de 1996, para la cual hubo que acarrear agua de un estanque localizado a una distancia de 1,200 m pendiente abajo. En la plantación, se aplicaron dos baldes de agua por árbol (38 L árbol­1) y de esta manera se continuó regando pero sólo con 19 L árbol­1, hasta el día 8 de septiembre en que cayó la primera lluvia de 3.7mm y escurrió por primera vez agua en las microcuencas.

Los datos de precipitación pluvial -obsérvese el cuadro 1- que básicamente se tomaron en cuenta para determinar la media anual de este evento para San Felipe, fueron los de estación Santa Rosa por ser los más completos. Sin embargo, los faltantes se tomaron de estación Santa Ana cuando los había y en el caso de que los mismos datos coincidentemente estuvieran ausentes tanto en Santa Rosa como en Santa Ana, entonces se utilizó el método estadístico de Yates citado por Steel y Torrie [2], que permite calcular datos faltantes. Al ejecutar las operaciones aritméticas correspondientes, se obtuvo el valor de 367 mm año­1 como Precipitación Pluvial Promedio Anual (PPPA) para San Felipe durante el período 1962-1995.

Resultados y discusión

En posición topográficamente más alta se encuentra el recolector de agua de lluvia con una capacidad de 220 mil L y más abajo, está circundado por un bordo de protección para evitar la entrada de aguas de escurrimiento de áreas circundantes. El área de escurrimiento de este sistema tiene una superficie de 508.4 m2, construida de piedra laja y emboquillada con cemento; el agua que se almacena en la cisterna es protegida de la evaporación con un retardador de lámina metálica. Pendiente abajo se localiza un piezómetro que mide el volumen de agua almacenada en la cisterna. Luego la tubería de salida se bifurca en dos ramales y en cada una de éstas se instalaron seis llaves para riego.

La huerta de durazno de 1.52 Ha. que se localiza pendiente abajo está circundada por una cerca perimetral de 504 m, equipada con dos puertas de acceso y dentro de esta superficie se construyeron las 174 microcuencas de 72 m2 cada una, que alojaron a igual número de árboles de durazno. Las microcuencas fueron individualmente separadas por un bordo, lo suficientemente resistente para contener en el área de goteo los escurrimientos producidos. Antes de la plantación, cada microcuenca fue nivelada a pendiente muerta horizontalmente, mientras que longitudinalmente continuaron con la pendiente natural del terreno: 5.2 por ciento.

En el cuadro 1 se muestran también algunos datos, producto de cálculos estadísticos tal como: La Frecuencia del Período de Retorno (FPR) y la Probabilidad Anual de Ocurrencia (PRA) de eventos lluviosos, pudiendo observarse además la enorme variabilidad en la magnitud de la lluvia. Así, en 1972 se tuvo un PPPA de sólo 110 mm con una probabilidad anual de ocurrencia de 97.1 por ciento; mientras que en 1978 alcanzó 681 mm con una PRA de 2.9 por ciento. Es también importante hacer notar que de los 34 valores de PPPA, 19 fueron mayores mientras que 15 fueron menores de 367 mm, que es el PPPA para el período de los 34 años.

Cuadro 1. Probabilidades de ocurrencia de lluvias para la estación meteorológica ubicada en el ejido Santa Rosa, Municipio de Doctor Arroyo, N. L. durante un período de 34 años (1962-1995)

Utilizando la ecuación de Hargreaves y Samani [3] fue posible cuantificar el VAEv por un árbol de durazno en San Felipe, cantidad que resultó ser de 7.1 m3. En el cuadro 2 se pueden apreciar tres valores de PPPA que originan tres diferentes VAEs los cuales, al compararse con el valor de 7.1 m3, nos permite establecer que una PPPA como la de San Felipe (367 mm/año) produce un VAEs que sobrepasa la demanda hídrica de durazno en este lugar; que un PPPA de 190 mm satisface exactamente el VAEv (demanda hídrica) y que, obviamente, cualquier valor de PPPA < 190 mm ocasionaría un déficit y es precisamente cuando tendrá que utilizarse el agua de lluvia previamente cosechada y almacenada.

Cuadro 2. Valores críticos de precipitación pluvial que permiten un exceso, una igualdad o un déficit en relación al VAEv

Conclusiones

Fue posible adecuar el sistema de microcuencas como fuente primaria de riego y de agua de reserva almacenada en un sistema recolector de lluvia para riegos de emergencia en la producción de durazno criollo.

Con el uso de microcuencas de 72 m2 sobre terrenos inclinados cuando se cuenta con los 367 mm de PPPA de la región, se produce un considerable exceso de escurrimientos; esto es después de satisfacer el VAEv del árbol de durazno. Pero, sin dejar de recordar que esta magnitud de lluvia sólo tiene un PRA del 55 por ciento.

El uso de microcuencas de 72 m2 sobre terrenos inclinados pueden producir VAEs que satisfagan los VAEv del durazno con un valor de precipitación pluvial media anual tan bajo como 190 mm año­1 y con FPR del 85 al 90 por ciento.

Si al usar microcuencas de 72 m2 en superficies inclinadas de terreno, la PPPA es < 190 mm año­1, se hará imprescindible contar con agua de reserva para satisfacer el VAEv del árbol de durazno.

En términos generales, en el Sur del Estado de Nuevo León aun si año con año se contara con los 367 mm que se tienen determinados como media anual para esa región, siempre se hará necesario contar con agua de reserva como una precaución para contrarrestar los persistentes períodos de sequía que ocurren entre lluvias subsecuentes.

Referencias

[1] Hargreaves, George H. y Zohrab A. Samani. "World water for agriculture". International Irrigation Center. Departament of Agriculture and Irrigation Engineering. Utah State University. p:10 (1986). U.S.A.

[2] SPP. "Atlas nacional del medio físico". 1a. Ed. Dirección General de Geografía del Territorio Nacional (Actualmente INEGI). (1981). México.

[3] Steel, Robert, G. D. y J. H. Torrie. Principles and procedures of statistics, a biometrical approach. 2a. Ed. McGraw-Hill Kogakusha, LTD. pp:209-214 (1980). U.S.A.

 


Hugo Velasco Molina es doctorado en Química de Suelos de Texas A&M University (1966) y profesor titular del Departamento de Ingeniería Agrícola. Ha sido profesor e investigador en el área de uso, manejo y conservación de suelo y agua en regiones de escasa precipitación pluvial durante más de 30 años. Correo electrónico: hvelasco@campus.mty.itesm.mx


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