Koolhaas, Rem.
Entrevista Con Nathan Gardels.
Revista Vuelta. No. 239.
Octubre de 1996.
El pasado es demasiado pequeño para habitarlo
EI mundo tendrá diez mil millones de habitantes a mediados del próximo siglo; sólo en Asia habrá 50 megaciudades con más de 20 millones cada una. ¿Serán esas ciudades todas iguales, genéricas? ¿Cómo será la vida diaria en ellas? ¿La civilización urbana 11egará a su fin con el surgimiento de las megaciudades? De ello se ocupan dos de los arquitectos más importantes de nuestros días: el holandés Rem Koolhaas y el norteamericano Frank Gehry entrevistados por Nathan Gardels para New Perspectives Quarterly, con cuya autorización se reproducen aquí sus declaraciones.
Rem Koolhaas, autor de Delirious New York y S, M, L, XL, es
el escritor sobre urbanismo más estimulante de nuestros
días. Entre los muchos proyectos de la Oficina de Arquitectura
Metropolitana, con sede en Rotterdam, está el gigantesco
Centro de Convenciones de Lille, equidistante de Bruselas, París
y Londres.
NATHAN GARDELS: Octavio Paz rechaza el término "posmoderno". Cree que hemos roto completamente con la modernidad y vivimos en "un tiempo sin medida, o tiempo puro". Quiere decir que la modernidad cambiaba a la tradición por el futuro. Y después del fracaso de la idea de progreso y del comunismo, tampoco tenemos fe en el futuro. Eso nos deja abandonados permanentemente en el efímero presente. No hay tampoco ruinas, ni utopía. Este tiempo puro tampoco es pesimista ni optimista. Es libre. Una tabula rasa.
De igual manera, excepto por el núcleo central de las ciudades europeas, las ciudades del planeta están convirtiendose en una especie de "espacio puro" como Los Ángeles, liberada del cautiverio del centro tradicional y, así, de una identidad centrada. Su historia pasada importa poco a medida que se convierten en receptáculos de crecimiento desordenado desbordados de humanidad y cultura mundial. En este espacio puro del presente surge lo que usted llama la "Ciudad Genérica". Según dijo usted, Singapur, la ciudad genérica más exitosa es "una ecología de lo contemporáneo".
¿No dice usted en sus obras y escritos: "Asumamos esta
tabula rasa y celebrémosla. Los lamentos por la
ausencia de historia son un reflejo tedioso. No es deseable la
presencia de la historia"?
REM KOOLHAAS: No. Nunca eliminaría voluntariamente la historia. Me gusta la historia. Lo que me disgusta es la manera en que se ha diagnosticado como cause de una flotante ansiedad colectiva la ausencia de historia, centro y lugar, al mismo tiempo que gran parte de la humanidad parece felizmente capaz de habitar la "novedad" que ha sido construida excavando en la tabula rasa. Navegar en la angustia por el pasado perdido -aún en Estados Unidos, devorados por la nostalgia en todos los niveles, desde los populistas hasta los más elitistas-nos cierra los ojos ante la emergencia incipiente de otro mundo, otra ciudad, otra manera de ser felices. De alguna manera no podemos imaginar que algo contemporaneo-hecho por nosotros-pueda contribuir a la identidad. Pero que el crecimiento humano sea exponencial implica que el pasado se volverá en algún momento demasiado pequeño para habitarlo y compartirlo con quienes estén vivos.
Además, de un modo angustiosamente sentimental y emocional, esta "otra manera" se rechaza sin más, como si apestara. No es nunca analizada, descrita o investigada. ¿Es la ciudad contemporánea como el aeropuerto contemporáneo-siempre igual? ¿Es posible teorizar esta convergencia? Y si fuera así, ¿a qué configuración última se aspira? La convergencia solo es posible al precio de cambiar de identidad. Suele verse como una pérdida. Pero ocurre a tal escala, que debe signifcar algo. ¿Cuáles son las desventajas de la identidad e, inversamente, las ventajas de la vaciedad? ¿Qué queda, una vez desechada la identidad? ¿Lo genérico?
Por eso, para hacer mi libro S, M, L, XL yo mismo voy a Singapur y trato de entenderla. Como ahí señalo, me encontré a los ocho años en un barco en el puerto de Singapur. No desembarcamos pero recuerdo el olor -dulce y podrido, las dos cosas hasta el agobio. El año pasado fui otra vez. El olor se había ido. Y Singapur se había ido, había sido desechada, reconstruida. Era una ciudad completamente nueva. Casi todo en Singapur tiene menos de 30 años; la ciudad representa la producción ideológica de las pasadas tres décadas en su forma pura, no contaminada de vestigios contextuales sobrevivientes. Está dirigida por un régimen que ha excluido el azar y el accidente. Hasta su naturaleza está totalmente rehecha. Es pura intención: Si hay caos, es un caos con autor; si hay fealdad, es fealdad diseñada; si es absurdo, es absurdo por voluntad.
Por cierto, no estoy de acuerdo con Octavio Paz cuando dice que
hemos roto con la modemidad. Veo el presente como apoteosis convulsiva
de la modernización. La visión posmoderna es esencialmente
una forma de simplificación que desempeña un papel
importante en la celebración de la modernización.
Elimina la inquietud y la resistencia, es un lubricante para lo
moderno.
N.G.: ¿La Ciudad Genérica empezó en
Estados Unidos?
R.K.: ¿Es tan profundamente poco original que sólo puede ser importada? La Ciudad Genérica también existe ahora en Asia, Europa, Australia, África. El movimiento definitivo del campo y la agricultura a la ciudad no es un cambio a la ciudad como la conocemos: es un paso a la Ciudad Genérica, a una ciudad tan penetrante que ha llegado al campo.
Algunos continentes, como Asia, aspiran a la Ciudad Genérica;
otros se averguenzan de ella. Muchas Ciudades Genéricas
son asiáticas, porque Asia tiende hacia lo tropical-convergiendo
alrededor del ecuador, donde vive la mayor cantidad de gente.
Un día, este producto que desecha la civilización
occidental será de nuevo absolutamente exótico,
a través de la resemantización que su misma diseminación
despierta.
N.G.: Su actitud hacia Singapur parece ambivalente. Ha escrito que Singapur "es una ciudad sin cualidades", una "metrópolis Poteomkin". Pero no escatima su admiración al hablar de "la nueva norma que se sintetiza en Singapur: una dura desvergüenza confuciana, una especie de extremo poder de la eficiencia que impulsará la modernización asiatica". El resto de Asia, donde habrá 50 megaciudades con más de 20 millones de habitantes cada una, quiere emular a Singapur, llevándolo a comentar que "dos millones de personas no pueden estar equivocadas."
Pareciera que Asia no tiene sino dos alternativas: la ordenada
Singapur o las ciudades caóticas tipo Bladerunner
que pueden vislumbrarse ya en Calcuta o en Shangai. ¿No es
Singapur la ciudad asiática más preparada para entrar
al siglo XXI?
R.K.: También se podría decir que Singapur es Bladerunner(una corporación). Y tampoco creo que sea el lugar más preparado para entrar en el siglo XXI. Es enteramente nueva y, al mismo tiempo, está increíblemente pasada de moda, en el sentido de que ha sido complétamente planeada. Es lo contrario de lo flexible. Es una ciudad "real" donde los absolutos se han convertido en obstáculos. Es grave, y por lo mismo gravemente vulnerable, por definición, en su camino a la obsolencia. Está construida para durar y así envejecerá.
Será viable mientras todos conozcan su lugar, pero no para
siempre. Hace poco estuve en una isla en Tailandia y encontré
un modelo aún más adelantado: un mínimo de
electrónica y un mínimo de esencia-bambú,
hojas de palma, hierro corrugado. El tubo fluorescente es el incremento
mínimo de modernidad. Algunas veces dos restaurantes comparten
una sola luz a través de interruptores puestos en palmeras,
que de repente iluminan un claro en la jungla. Esta especie de
"ligereza" parece muy capaz de lidiar con cualquier
cosa que se presente en el siglo XXI.
N.G.: ¿Entonces, qué parecerá la ciudad
asiática?
R.K.: Precisamente para encontrar respuestas a esta pregunta estoy trabajando en el "Proyecto sobre la ciudad" en Harvard, donde cada año investigamos miles de tesis interrelacionadas con un tema diferente. El tema de este año es el Delta del Río Perla, una región que incluye una gran diversidad de ciudades, algunas bien conocidas: Hong Kong, Macao, Guangzhou; otras, menos, como Shenzen, Zuhai y Dong Guang. Estamos tratando de extraer de nuestra investigación-que incluye arquitectura, infraestructura, paisaje, ideología, demografía-un nuevo aparato conceptual para discutir los nuevos fenómenos urbanos. Este conjunto de ciudades en el Delta del Río Perla está destinado a convertirse en una de las megaciudades del mundo. El área tiene ya más de 25 millones de habitantes.
Pero, ¿cómo llamamos a este grupo de ciudades, primero sin relación, cada una con su propia historia? Sugerimos el nombre de "La Ciudad de las Diferencias Exacerbadas". Es innegablemente una metrópolis futura, pero cada componente se define a sí misma en términos de su máxima diferencia de todas las demás. También las llamamos "Metrópolis bastardas" porque un componente es demasiado denso, una es una ciudad jardín, una es cara y por lo tanto otra, barata.
Debido a esto, probablemente, la ciudad asiática del futuro tendrá todas las condiciones dentro de su espacio -ligereza y pesadez, intensidad y dispersión, vivacidad y sosiego-más que una característica dominante. Si hay ventajas en una megaciudad, con una "inaguantable" demografía de 20_30 millones de habitantes, esa multiplicidad tiene que ser una de ellas.
Otro concepto que nos ayudará a definir las superficies
de mañana es "Huida". Huida no es una ciudad,
ni tampoco un paisaje, sino una condición post_urbana.
Es obvio que el mundo de 2050, con sus 10 mil millones de personas,
estará cubierto por una gran cantidad de Huida. Será
la condición genérica penetrante, acentuada por
un suceso aquí y allá, arquitectura posiblemente.
N.G.: Usted dijo "la calle está muerta".
¿Qué significa?
R.K.: La calle está muerta sobre todo porque parece
que todas las ciudades nuevas son cada vez menos densas y cada
vez más irregulares y dispersas. Pero la vitalidad de la
calle depende de la densidad. De tiempo en tiempo parece que a
la gente le gusta la densidad. Siente la necesidad, aparentemente,
de algo agitado. Pero no demasiado. No todos los días.
Lo interesante de "City Walk" [una calle principal
artificial de tiendas, donde la gente compra y pasea] en la
Ciudad Universal, en Los Ángeles, es que crea la densidad
en una ciudad de crecimiento incontrolado. ¡Y es un éxito!
Quiere decir que sólo los muertos pueden ser resucitados.
N.G.: ¿Qué piensa de la muy anunciada posibilidad
de que el cyberespacio sea la nueva calle, la plaza de nuestras
ciudades de crecimiento incontrolado, ciudades de aislamiento
conectado, y los cyberpaseantes se paseen por la red como Baudelaire
por París?
R.K.: Es verdad que la Red ha establecido una increíble comunidad agitada, unida y bullente. Es verdad que se puede ser un paseante en el cyberespacio. Pero, ¿puedes ser más que un paseante? Ya que la gente existe como cuerpo, tiene que "estacionarse" en algún lugar.
Quizá la riqueza tumultuosa del cyberespacio quiera decir algo sobre la manifiesta carestía, el minimalismo de la nueva condición urbana. Quizá la Ciudad Genérica triunfe porque el cyberespacio provea el exceso complementario. La Ciudad Genérica es lo que queda una vez que vastas secciones de vida urbana han cruzado más allá, al cyberespacio. Es un lugar de sensaciones débiles y diseminadas, de pocas y esparcidas emociones.
Pero soy y sigo siendo un arquitecto. Continuo apostando, por
así decirlo, al continuo deseo de intercambio de cualquier
clase. El punto ahora es si podemos imaginar híbridos del
espacio real y del cyberespacio.
N.G.: ¿Las Ciudades Genéricas no serían
redundantes, con la misma cultura mundial? ¿Mickey Mouse,
Madonna y Baywatch se verán en todos lados? ¿Ciudades
de "aburrimiento variado", como dijo Máximo Gorky
de Coney Island? Aún así, al mismo tiempo, esas
Ciudades Genéricas, tabula rasa, serán el hogar
de La Raza Cósmica: un mosaico multicultural, completamente
homogéneo.
R.K.: En cada uso horario, hay cuando menos tres representaciones
de la comedia musical Cats. El mundo se diría rodeado por
un anillo de Saturno de maullidos. Sí, creo que la "amenaza"
de la homogeneidad se ha exagerado grotescamente. Para quienes
tienen ojos es cada vez más evidente que la globalización
implica, además, una explosión de diferencia. La
Ciudad Genérica es, como usted sugiere, seriamente multirracial,
con un promedio de un 8% de negros, 12% de blancos, 27% de hispánicos,
37% de chinos asiáticos, 6% indeterminado y 10% de otros.
N.G.: Grandes odas al comercio y las finanzas se elevan
a los cielos en Kuala Lumpur y Shangai, que toman la delantera
con los edificios más altos del mundo; en el Islam árabe
se siguen construyendo mezquitas y monumentos para la fe y el
martirio. Sin embargo, los arquitectos más interesantes
de Occidente están construyendo catedrales de los grandes
imperios del espectáculo. Usted construye para los Estudios
Universal, y Frank Gehry, Michael Graves y Arata Isozaki para
Disney. ¿Qué está pasando?
R.K.: Lo que hace diferente a los Estudios Universal de
Disneylandia es que es un lugar de producción auténtica.
Ahí se hacen películas y programas de televisión.
También hay un lugar de consumo, el parque con un tema.
City Walk es extraño, es un lugar de simulación
que casi se ha vuelto auténtico. Así que no nos
hemos entregado definitivamente a hacer catedrales. Tenemos que
organizar y aprovechar al máximo el beneficio social de
la coexistencia en un solo lugar de muchas realidades y condiciones,
con un solo paisaje.
N.G.: Un crítico frances ha dicho que EuroDisney
es un "Chernobyl cultural". ¿Puede un parque Disney
ser un Chernobyl en Europa, pero no en América?
R.K.: EuroDisney puede ser considerado como un Chernobyl
cultural sólo porque los europeos mismos lo rechazan en
masa. Se han negado a tomar en serio el asunto de la cultura de
masas, a pesar de la evidencia abrumadora de que el Beaujolais,
el capuchino o el Coliseo Romano, han sido incapaces de evitarla.
La cultura de masas es el secreto sucio del intelectual europeo.
Aborrecen a las hordas que van allá, pero EuroDisney es
la única institución que puede recibirlos con un
mínimo de dignidad.
N.G.: Arata Isozaki dice que quiere construir "arquitectura
sin ironía". Le gusta construir en Estados Unidos,
dice, porque no hay ironía, distancia ni conflicto con
el territorio ancestral. "Las ruinas son el sentimiento patético
acerca de lo que se perdió", dice. ¿Su proyecto
de los Estudios Universal es arquitectura sin ironía?
R.K.: ¿Puede alguien eludir la ironía hoy? En América hay grandes ironías, una de ellas es que una cultura que estaba a punto de ser novedad ha abandonado su papel en su desarrollo y nueva definición.
Lo que me importa, que podría ser el resultado de un "vuelo hacia atrás" colectivo, es que New York, que era, si algo, una ciudad real, una ciudad sin selección, sin moralidad exclusiva, está ahora expulsando, como en una especie de farsa bíblica, el sector completo del pecado. Una facción de gente de buen juicio ha causado la muerte de la Calle 42. Un último territorio del azar, la posibilidad y, lo más importante, la urbanidad -El Metropolitan-es eliminado en nombre de la rehabilitación y de Disney.
Por no entender las ciudades, la vida urbana, las mataremos. Y cuando estén muertas, nos retorceremos las manos y comenzaremos a darles respiración de boca a boca.