crónica

ensayo  

Carlos Monsiváis  

"El ejemplo al respecto"

"Si Hidalgo viviera, chance que
con nosotros anduviera"

(Crónica de 1968-VIII)

 
Foto: Revista Por que?
"Por vez primera, la
oposici█n le disputa
al r╚gimen la propiedad
de los h╚roes"
 

Una de las críticas que se desprenden del IV Informe presidencial sí repercute en el Consejo Nacional de Huelga. Díaz Ordaz y sus voceros atacan a los cultores de "héroes ajenos a nuestras esencias", influidos por "filósofos de la destrucción". Por decisión del CNH, el 13 de septiembre, en la Manifestación del Silencio, se arrinconan las efigies del Che Guevara, y se alzan las pancartas y mantas que glorifican a Hidalgo, Morelos, Zapata, Juárez, Villa. Por vez primera en mucho tiempo, la oposición le disputa al régimen la propiedad de los héroes. "También son nuestros", quiere decir "Nunca han sido de ustedes". A la fuerza, como táctica de convencimiento interno y externo, el Movimiento se acerca a lo nacional, y la táctica propagandística deviene realidad emotiva: de la creencia en el Abismo Generacional entre padres e hijos se pasa a la querella por el sentido de la historia patria.

°Qué tan sincera es la vuelta al patriotismo? Imposible certificarlo, porque en el 68 tal vez lo único radicalmente sincero es la mezcla de indignación política y alegría comunitaria. Lo demás es cuestión del aprendizaje de la sinceridad, para saber cómo se responde, digamos, a la trayectoria y las demandas de la izquierda, al lenguaje de las marchas, al orden posible en la conflagración de voces y acciones y exigencias. Hay aprendizaje en las marchas porque cada una de ellas ˇcon o sin estas palabrasˇ es una cita textual con la historia, y lo hay en el afán de pertenecer y en la militancia como estado de ánimo y en el aplauso a la vehemencia retórica que si se piensa y se oye bien no convence. Sinceridad y aprendizaje, dos expresiones básicas del Movimiento.

 
Foto: Revista Sucesos 

El centro del aprendizaje son las multitudes, gérmenes y vestigios de la sociedad civil (la anticipación y la memoria), graves, festivas, rencorosas, combativas, juvenilistas y capaces de organizarse a sí mismas. Surgen casi de repente, lo que no necesariamente indica una larga espera congelada, y son muy distintas de las antes conducidas por la sociedad política (partidos, sindicatos, gremios, movimientos estudiantiles dirigidos por partidos), sin ser nunca independientes del todo. (La actitud trasciende las consignas; las consignas ocultan parcialmente la actitud.) De hecho, en nuestra historia contemporánea, las manifestaciones del 68 son las primeras donde no son los partidos de oposición quienes encabezan la resistencia a las fulminaciones verbales, granaderiles y policiacas del gobierno.

Si en su parte doctrinaria el Consejo Nacional de Huelga suele corresponder a los círculos encantatorios de la militancia filoleninista ("No cedas ahora. Ya falta poco para la revolución"), a los contingentes estudiantiles los activa su propia intensidad, y allí la ideología (marxismo esquemático sobre fondo de impaciencia) no es el factor determinante. Intervienen motivaciones éticas, la ira ante injusticias obvias, la ansiedad de participación cívica, el hambre de modernidad política, el hartazgo ante el "nacionalismo" en el que nunca han creído o sólo creen los gobernantes cuando todo mundo los está viendo. Más sensible a los debates del abismo generacional que a los argumentos de la lucha de clases, a las incitaciones del rock que a los círculos de estudio marxistas, las multitudes del 68 se diversifican en casi todo, menos en el fastidio ante la sociedad que viven.

 

La Manifestación del Silencio

Si por consenso la marcha del 27 de agosto es la más alegre y combativa, también el recuerdo unánime ve en la Manifestación del Silencio al acto más elocuente del Movimiento. El relajo beligerante no acude esta vez al voceo de consignas, y respeta la solemnidad súbita. Una comunidad instantánea se prueba a sí misma exhibiendo el esparadrapo en las bocas, los rostros "de presidium", el murmullo interminable que aquieta la vocación de estrépito. Doscientos o 300 mil manifestantes (°quién ha determinado nunca con exactitud el monto de una marcha?) son los testigos de disminución del volumen que alboroza a los capaces de la renuncia verbal. Los comentarios en voz baja, el canje de risas por sonrisas, los requisitos súbitos del psicodrama en suma, se ciñen a dos propósitos: no aceptar las provocaciones ("sin ánimo alguno de enfrentar a los manifestantes con el gobierno"), y emitir una consigna cercana a la poesía de las situaciones: "Ha llegado el día en que nuestro silencio será más elocuente que las palabras que ayer acallaron las bayonetas" (del manifiesto del CNH).

Una movilización con sustrato poético. La pretensión es desmesurada pero ni inconvincente ni fallida. Hay ˇdones de la vivencia refrendados por la memoriaˇ un brío lírico en la actitud de los manifestantes que se impone sobre cualquier otra circunstancia. °Cómo caminar por horas atenidos a susurros y comentarios discretos? °Quién habría imaginado la creación voluntaria de una conciencia culpable por el mero uso de la palabra? La Manifestación del Silencio es el acontecimiento más disciplinado del 68, el clímax político del Movimiento. Se parte del Museo de Antropología a las cinco de la tarde y el contingente postrero llega al Zócalo a las nueve de la noche, y en el camino la respuesta es admirable. Si en algún momento se justifica lo de Movimiento Estudiantil-Popular (denominación no muy convincente que impone la izquierda política) es el 13 de septiembre. Quienes los ven desfilar, organizan su "manifestación de las aceras", y aplauden, incitan al orgullo, arrojan flores y confeti. Acuden madres de familia, casi todo el pueblo de Topilejo (eso supongo al ver a tantos), obreros, burócratas, lo que le resta a la ciudad de la vieja izquierda.

Exigido por el maestro de ceremonias, el silencio en el Zócalo al comenzar el mitin es sobrecogedor, por el esfuerzo de contención que supone y porque el murmullo que pese a todo se eleva es tAmbién un homenaje al silencio. Supongo que oí con entusiasmo los discursos, y 30 años después, al releer fragmentos, todavía me conmuevo. Tanta inocencia cívica merecía algo distinto, Díaz Ordaz y Luis Echeverría y Corona del Rosal y el general Muera Cueto y todos los funcionarios, diputados, senadores y Buenas Conciencias, podrían haber oído lo que efectivamente se dijo en 1968, en lugar de imaginarse conspiraciones diabólicas. Un estudiante de Chihuahua le contesta candorosamente al Presidente de la República, casi con sus palabras:

No nos afectan los ataques, ni las injurias, ni la represión. La historia nos pondrá en su sitio a cada cual. Se nos acusa de intransigentes y lo cierto es que el gobierno ha escamoteado la verdad al pueblo. El intransigente es el gobierno que pretende discutir los problemas del pueblo a espaldas del pueblo. Sabemos que tenemos responsabilidad como estudiantes, que esa responsabilidad consiste en estudiar, pero no queremos anteponer el interés mezquino de llegar a ser médico o abogado para enriquecernos con una profesión. Nuestra primera responsabilidad es saber ser mexicanos y cumplir con la obligación de luchas al lado del pueblo. Estamos dispuestos a volver a la normalidad, sí; pero no sin democracia y sin libertad.

Le concedo a este texto la virtud de esencializar la actitud promedio del Movimiento. Hay confianza en y amor a los juicios de la Historia, hay un regaño moral al gobierno, hay una ingenuidad desarmante, hay civismo, hay esperanzas en la Constitución de la República. La marcha y el mitin provocan la esperanza, y es jubilosa la reunión de esa noche en la casa de Selma Beraud. Pepe Revueltas es el más eufórico, evoca los combates comunistas de los años 30, canta himnos proletarios, refiere sus temporadas de encierro en el penal de las Islas Marías, explica cómo llegó a dirigente histórico de la raza canina. "Una vez Héctor Xavier, ese glorioso dibujante, y yo, decidimos que ya era necesario crear una base política. Y así, compañeros, nos dimos a la tarea de ubicarla en donde fuera. Héctor o yo, algo que no importa tratándose del recuento de la responsabilidad partidaria, descubrimos en el vagabundeo a un grupo de perros por el rumbo de Insurgentes. Les pedimos que nos siguieran, alentamos su seguidismo con algo de comida, y nos fuimos caminando hasta el Parque Hundido. Allí hicimos un alto y les dirigí un breve discurso de índole política, donde advertía de la urgencia de modificar el contenido semántico de la palabra que los designaba. Lo primero, compañeros, es que ya no les digan perros porque eso denigra su condición, al menos mientras vivan en un lugar de habla hispana. Lo segundo es garantizar que no haya represalias si ustedes deciden formar un sindicato. Esto es elementalÍ".

Pepe siguió al frente de su historia alucinante, a carcajadas. Si alguien ha disfrutado la invención de cuentos para sesiones de militantes, ése ha sido él. Y en los relatos forjados en la improvisación hacía gala del sentido del humor al que casi nunca le dio entrada en su narrativa.

 

18 de septiembre.
La toma de la Ciudad Universitaria

En la tarde asisto a la Facultad de Ciencias para una mesa redonda sobre la reforma educativa. Hay temor porque se ignora el siguiente paso del gobierno. Luego Revueltas habla sobre la autogestión. Salimos y vamos a cenar Nancy Cárdenas, Juan García Ponce y yo a un restaurante cerca de Ciudad Universitaria. De pronto, oímos el fragor de la operación militar, carros de asalto blindado, camiones colmados de soldados. A las diez de la noche el Ejército invade CU. Se desaloja de los edificios a estudiantes, padres de familia (convocados a una reunión), funcionarios, empleados. No hay resistencia. Deja de transmitir Radio Universidad. Lo último que se escucha es el disco de Voz Viva de México donde León Felipe lee sus poemas, que pone la muy excéntrica uruguaya Alcira.

 
Foto: Revista Sucesos
"░Al suelo, al suelo! Todav╠a all╠
siguen cantando el Himno"
 

A los detenidos, cerca de 300, se les obliga a colocar las manos detrás de su cabeza, tendidos en el suelo. Los soldados aguardan con el fusil con la bayoneta calada. Algunos soldados van arriando la bandera nacional, todavía a media asta. En ese instante, los 300 capturados se levantan y cantan el Himno Nacional. Ya arriada la bandera los soldados conminan: "░Al suelo, al suelo!". Todavía allí siguen cantando el Himno (si el Movimiento no fue patriótico, ignoro en qué consistió). La diferencia de recursos es por lo menos abrumadora. Trescientos seres desarmados contra diez mil soldados con jeeps, tanques ligeros, carros de asalto. Se les empieza a subir a los camiones. De nuevo, entonan el Himno.

La Secretaría de Gobernación en la etapa pretercermundista de su funcionario responsable, lanza el edicto explicativo:

Es del dominio general que varios locales escolares ˇque son edificios públicos, por ser propiedad de la nación y estar destinados a un servicio públicoˇ habían sido ocupados y usados ilegalmente, desde fines de julio último, por distintas personas, estudiantes o no, para actividades ajenas a los fines académicos.

Estas mismas personas han ejercido el derecho de plantear demandas públicas; pero también, casi desde el anonimato, han planeado y ejecutado actos francamente antisociales y posiblemente delictuosos.

 
Foto: Revista Zurda
Jos╚ Revueltas en la
manifestaci█n del silencio
 

El comunicado del rector es típicamente escueto. Para Barros Sierra la ocupación militar de Ciudad Universitaria es un acto de fuerza que la UNAM no merecía, y la atención y solución de los problemas de los jóvenes requieren comprensión antes que violencia.

El 20 de septiembre, en la Cámara de Diputados, el PAN solicita el retiro inmediato del Ejército de la Ciudad Universitaria. El diputado priísta Octavio A. Hernández ataca a Barros Sierra:

Empezó en ese momento el fincar la responsabilidad de los órganos conductores de la Universidad, concretamente de su órgano ejecutivo el señor rector. El señor rector inició una política ˇtal vez le deba llamar yo así para no dar confusión a los conceptos y a los términosˇ, sino una conducta que, por lo que hace a su pasividad, tiene a mi modo de ver, mucho de criminal, y por lo que hace a sus actos, muchos matices de delirio.

Sólo un diputado priísta se opone al juicio condenatorio de Hernández (después se retracta). El 21 de septiembre, la diputación priísta en pleno se solidariza con la agresión del diputado Luis Farías a Barros Sierra, al que juzga "impotente para resolver problemas internos de la Casa de Estudios". El 23 de septiembre, el rector presenta su renuncia ante la Junta de Gobierno de la UNAM: "Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción". Y añade tajante:

Mas la situación presenta ahora una nueva fase; estoy siendo objeto de una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y difamación. Es bien cierto que hasta proceden de gentes menores, sin autoridad moral, pero en México todos sabemos a qué dictados obedecen. La conclusión inescapable es que quienes no entienden el conflicto ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo que pasa, y entre ellos me han escogido a mí.

El Presidente contra un ciudadano, que en esta ocasión es rector de la UNAM. El enfrentamiento es desproporcionado, sobre todo porque el poder casi absoluto de Díaz Ordaz se siente ultrajado. Con la renuncia, Barros Sierra consolida un entendimiento de los hechos opuesto al que Díaz Ordaz encarna. La autoridad moral de Barros Sierra se acrecienta y entonces tocarlo hubiese desatado algo próximo a la guerra civil. En él se concentran los valores de la resistencia a la-barbarie-desde-arriba, y por eso él, le responde tan categóricamente a Gastón García Cantú:

ˇ°Podría decirse que usted defendió en esos días el derecho de los jóvenes a disentir?

ˇYo diría que no sólo los defendí en ello, sino que, lo digo simplemente con realismo y prescindiendo de falsas modestias, les di un ejemplo al respecto. Me manifesté públicamente como alguien que disentía de los actos y del estilo mismo del gobierno.

 
Foto: Cortes╠a del Archivo
Hist█rico de la UNAM
"A los contingentes estudiantiles
los activa su propia intensidad"
 

Recuerdo con detalle las discusiones, y el texto que velozmente redactamos Juan García Ponce y yo a nombre de la Alianza de Intelectuales y Artistas para acompañar a los muchos que solicitaron a la Junta de Gobierno no aceptase la renuncia de Barros Sierra. En los periódicos, centenas de declaraciones de las Fuerzas Vivas y membretes que las acompañaban detestando a los estudiantes y al rector. (Una expresión típica del priísmo en 1968: el presidente de la Cámara de Diputados José de las Fuentes Rodríguez comenta a propósito de la renuncia: "Al enemigo que huye, puente de plata. Hay que dejarlo ir".) En las calles, el clima ominoso. En las conversaciones indignación y miedo. La renuncia no es aceptada, los ataques viles se enconan, pero Barros Sierra es el vencedor moral indiscutido. No lo han intimidado la conservación del puesto prestigioso, el cerco gubernamental, las sucesivas y simultáneas atmósferas de intolerancia. En abril de 1970, poco antes de concluir su periodo de rector, en una entrega de diplomas en Arquitectura, termina su discurso con una exclamación victoriosa: "░Viva la discrepancia!", que sintetiza su experiencia de esos años, su defensa de los estudiantes y los presos políticos, su incapacidad de doblegarse ante las rabietas del autócrata.

Meses antes de su muerte, en la ciudad de Viena, mientras conversábamos sobre los efectos de su renuncia, un amigo le dijo: "Ingeniero, en donde estuvo la estatua de Miguel Alemán pronto veremos la suya". Barros Sierra se rió y contestó: "Si he sabido que se trataba de un relevo de efigies jamás acepto la rectoría".

 

Consulte, completa, la cr█nica del 68

I

"░Libertad a los presos políticos!"

II

La respuesta civil, legal y heroica

III

"Defender las libertades"

IV

"░San Baltazar contra los traidores!"

V

Pido la palabra, compañero

VI

"░Somos borregos! ░Nos llevan! ░Bee! ░Bee!"

VII

"La injuria no me llega, la calumnia no me toca"

 

Carlos Monsiváis es escritor. En 1968 hacía el programa El cine y la crítica en Radio Universidad y colaboraba en "La cultura en México", suplemento de la revista Siempre! Su libro más reciente es Los rituales del caos.

 

suscr╠base a etc╚tera

PĚgina principal