Concha M., Miguel Y Gaona V., José Luis
"Educación para la recepción"


La formación de la conciencia crítica ante
los medios de información desde los
documentos de la Iglesia Católica.

La Iglesia Católica ejerce gran influencia social en los países latinoamericanos, de aquí la importancia de sus planteamientos y acciones. En este capítulo, Miguel Concha y José Luis Gaona revisan diversos documentos de la iglesia que se ocupan del problema de los medios de comunicación social en general y de la formación de la conciencia crítica en particular.

Los documentos de la Iglesia latinoamericana denuncian la masificación, la manipulación, el colonialismo cultural, el abuso y la opresión por parte de los medios de comunicación. Asimismo, plantean una serie de propuestas para que los medios de comunicación se consoliden como instrumentos de intercambio y diálogo social.

La Iglesia, a través de sus escritos, exhorta a sus miembros a adquirir un compromiso serio en materia de comunicación, a convertirse en guías para que el receptor desarrolle una conciencia crítica y selectiva ante los mensajes de los medios, y a crear formas de comunicación participativas, horizontales y dialógicas.

Introducción
Algunas de las instituciones que ejercen mayor influencia a nivel social en nuestros países latinoamericanosson indudablemente las iglesias y, por razones históricas, la Iglesia Católica en particular. Por lo mismo, al hablar de la formación de la conciencia crítica ante los medios de comunicación social-y por medio del uso de tales instrumentos-, por parte de diferentes instituciones, organismos, movimientos y grupos de la sociedad civil en estos países, es indispensable analizar también la acción que la Iglesia realiza a este respecto.

Consideramos que, sin faltar a la honestidad, la aproximación que en estas páginas ofrecemos, desde el punto de vista de la formación de la conciencia critica, es uno de los intentos más completes que hasta la fecha se publica.

A partir del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), la Iglesia Católica cambió notablemente de actitud hacia los medios (Instrumentos de Comunicación Social, en su lenguaje conciliar y canónico), y cobró conciencia de su importancia en la sociedad moderna, de su poder en la configuración de la nueva cultura, de la necesidad ética y pedagógica de promover un juicio a su respecto y de la importancia de capacitar a sus agentes para su empleo en la labor pastoral específica que le compete al interior de la sociedad. Y desde la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia (1968), que a partir de la realidad de América Latina aplicó y reinterpretó al Concilio. Con agudeza la Iglesia de Latinoamérica también ha venido cobrando plena conciencia de la realidad de estos medios (prensa, radio, cine, televisión y medios grupales), en el económico, político y cultural propio de nuestros países capitalistas, subdesarrollados y dependientes, en general motivada por la liberación integral de los mismos.

Salvo honrosas excepciones, todo este gran movimiento eclesiástico y latinoamericano ha tenido muy escasas repercusiones en países como México. Esto debido tanto a la peculiar índole laica de su Estado y las limitaciones jurídicas a las que por razones históricas somete a la Iglesia, como también a las características históricas propias de la Iglesia en México y a deficiencias pastorales y profesionales de los responsables de la misma institución eclesiástica.

Por ello es importante que este análisis no soslaye la nueva actitud y la nueva práctica de la Iglesia ante los instrumentos de la comunicación social, la conciencia de su fuerza y de su especificidad que manifiesta, el juicio ético que a propósito de ellos emite, las acciones que propone con objeto de propiciar la formación de un juicio crítico entre los receptores, los nuevos programas generales y especializados de capacitación que recomienda y alienta entre sus agentes, así como la serie de diferentes actividades y sugerencias que promueve, para que los medios de comunicación social se ajusten-en el de una sociedad pluralista y particularmente por parte de su feligreses- a los requerimientos éticos y pedagógicos de su mensaje. Y esto tanto a nivel latinoamericano, como a nivel universal.

Es este el orden que proponemos para el desarrollo de este estudio que, como podrá apreciarse, consta de tres partes generales, cada una de ellas a su vez dividida en la presentación y el análisis de los diferentes documentos que la Iglesia Católica ha emitido sobre el problema que nos ocupa, por un lado, y en las acciones prácticas que ha venido promoviendo, por otro.

EL PENSAMIENTO DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA CRÍTICA

Planteamiento del problema
La Instrucción Pastoral Communio et Progressio, del papa Pablo VI, aparecida en 1971, considera que las obras llevadas a cabo por los medios de comunicación han de juzgarse y valorarse en la medida en que sirvan al bien común, y añade que las noticias, el arte y las diversiones deben servir para el progreso de la comunidad. Por lo tanto, la comunicación debe presentar una imagen verdadera de los hechos. Así pues, es necesario defender la libertad de expresión, tanto individual como colectiva, y confrontar las ideas para crear una norma común de acción.

Para que surja la opinión pública, es conveniente que se conceda a todos los miembros de la sociedad la posibilidad de acceso a las fuentes y a los canales de información para exponer libremente su pensamiento. Los documentos eclesiásticos invitan a que los medios de comunicación mantengan un sentido de equidad e integridad en el respeto a la población, particularmente a las minorías. La exhortación se hace extensiva a los monopolios informativos, ya que con frecuencia éstos tienden a sustituir el diálogo por el soliloquio.

La Iglesia Católica considera que es una obligación de los poderes públicos que en cada país los medios masivos se establezcan por encima de toda categoría racial, político y económica.

La Iglesia condena cualquier tipo de violencia que se inflija a los profesionales de la información, ya que en su afán de decir la verdad se ven amenazados por aquellos a quienes interesa oscurecerla. Entre las diversas comunidades religiosas que hay al interior de la Iglesia, muy pocos le han dado un lugar importante dentro del trabajo pastoral a los medios masivos de comunicación. Por ejemplo, los dominicos en su Capítulo General de 1983, celebrado en Roma, hablan de las manipulaciones ideológicas a que se prestan los medios: "los poderes políticos abusan de ellos para oprimir a los pueblos y someterlos a la servidumbre; se obligan a emitir las informaciones de tal modo que siempre sean en favor de las partes dominantes; puede acontecer que se promueva por esos medios cierto consumismo. . ."

Y agrega la Orden de Predicadores que se ejerce ciertolismo cultural, promoviendo una aculturación en la que sólo participan unos cuantos, y que destruye los valores secularmente reconocidos por los distintos pueblos.

Los paulinos, comunidad fundada exclusivamente para trabajar en la evangelización a través de los medios masivos, afirman en uno de sus Capitulos Generales, que el porvenir de la sociedad depende "del equilibrio entre el poder de las técnicas de difusión y la capacidad de reacción de los cuidadanos".

ACTITUD DEL RECEPTOR FRENTE A LOS MEDIOS

La Communio et Progressio señala que los receptores son parte activa en el proceso de la comunicación, en tanto interpretan realmente las noticias presentadas, las juzguan y ponderan según su fuente y contexto; las escojan con espíritu exigente; y en los casos necesarios completen la información recibida con datos adquiridos en otras fuentes.

La mayoría de los documentos eclesiásticos consideran que los usuarios de los medios masivos necesitan una instruccion básica para participar en el intercambio y diálogo social y encontrar caminos más adecuados para realizar la justicia internacional.

Agregan que "nunca será demasiado pronto para inculcar en los jóvenes el criterio y sentimiento artístico y la conciencia de la propia responsabilidad moral en la selección de las publicaciones, películas y emisiones de televisión. Es muy útil que los padres y educadores sigan de cerca estos programas que más atraen a los jóvenes, para discutir con ellos y despertar y educar su sentido crítico".

EL PAPEL DE LA IGLESIA

La Communio et Progressio considera que para el uso provechoso de la televisión en casa debemos ingeniarnos para hacer de este medio un instrumento gracias al cual podamos tener momentos de profundo diálogo y de interiorización de los muchos problemas que la TV nos presenta. En muchas ocasiones falta espíritu creativo e iniciativa de los adultos para aprovechar una ventana al mundo como es la TV.

A propósito de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, instituida por el Vaticano II para que "se vigorice con creciente eficacia el multiforme apostolado de la Iglesia en materia de medios de comunicación social", el papa Pablo VI señaló la necesidad de intensificar la acción directa para la formación de una conciencia crítica que influya en las actitudes y en los comportamientos no sólo de los católicos o de los cristianos, sino de todos los hombres y mujeres, adultos y jóvenes, a fin de que sepan verdaderamente "ver, juzgar y actuar" como personas responsables.

Por su parte, Juan Pablo II, en 1985 recomendó "una profunda acción educativa en la familia, en la escuela, en la parroquia. . . para instruir y guiar a los jóvenes a un uso equilibrado y disciplinado de los mass media, ayudándoles a formarse un juicio crítico, iluminado por la fe, sobre las cosas vistas, leídas y oídas".

Exhorta a pasar de una actitud de usuario pasivo a receptor activo; por ejemplo de videodependiente a "receptor", que libre y responsablemente selecciona, discierne, juzge, opine, interpele, reaccione y trate de establecer un diálogo con el comunicador.

Los frailes dominicos, en el Capitulo General de Walberberg, Alemania, consideran como una de sus prioridades apostólicas los medios de comunicación y advierten que la Orden debe promover los medios bajo dos aspectos: "que los hombres adquieran sentido crítico, para juzgar rectamente tanto el contenido de los medios como de sus formas, y que se supere la distancia peligrosa entre la cultura 'audiovisual' y el anuncio del evangelio".

A su vez, los jesuitas (Compañía de Jesús), desde 1931 han mostrado una seria preocupación por incorporar a los medios de comunicación dentro de sus primeras cuatro ocupaciones pastorales. En 1978, el Superior General de la Compañía señaló que es importante ejercer influencia sobre aquellos centros vitales que controlan los medios y, para este fin, proveer la formación inmediata de jesuitas a los que pueda confiarse esta misión a breve o largo plazo.

La Orden de Santo Domingo exhorta a sus frailes para que se sirvan de los medios en la denuncia de las injusticias, socorro a los pobres y marginados, clamor en favor de aquellos que sufren opresión en silencio y para la promoción de programas con que se construye una nueva sociedad conforme al evangelio; a que en su actitud apostólica denuncien las argucias de todo género con que se manipulan dichos medios y se abusa de ellos; a que elijan aquellos medios que son más aptos a su indole personal y a la mentalidad de los destinatarios, teniendo en cuenta cada tiempo y ambiente social. Insta a los miembros de la Orden a considerar como instrumentos utilísimos todas las artes y técnicas audiovisuales.

Asimismo, los paulinos señalan la necesidad de organizar cursos de actualización y educación profesional; favorecer la participación en cursos de institutos y facultades de ciencias sociales; preparar encuentros, mesas redondas, intercambio de ideas, trabajos de equipo sobre argumentos de interés apostólico, dirigidos por personas competentes.

LA RESPUESTA DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA ANTE LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA CRÍTICA.

Valoración latinoamericana de las posturas de la Iglesia Uníversal.
Entre los documentos de la Iglesia latinoamericana se distinguen cuatro etapas de acción y reflexión: 1. La comunicación social ante el cambio: 1960-1969, 2. La comunicación ante la liberación: 1970-1974, 3. La comunicación social ante las nuevas situaciones: 1975-1979, y 4. La comunicación social ante los nuevos desafios en la década de los ochenta.

A raíz de la Segunda Conferencia General deí Episcopado Latinoamericano (1968) empieza a tomarse conciencia de que el modelo de desarrollo adoptado por los gobiernos continentales reproduce todos los vicios del sistema capitalista. A finales de la década salta a primer plano la liberación. Se presenta como un fenómeno globalizante, pues abarca todos los aspectos de la vida de los pueblos latinoamericanos. Además, la revolución cubana influye notablemente en este cambio de óptica.

Evolución del pensamiento de la Iglesia latinoamericana sobre los medios.
Los primeros documentos de la Iglesia latinoamericana sobre comunicación social surgen en Santa Inés ( Lima), 1966. Le siguen tres seminarios regionales: Montevideo, Lima y San José, en 1968. En este mismo año se realiza la Segunda Conferencia General del Episcopado LatinoamericanO, en Medellín.

Una lectura de estos documentos pone en evidencia el influjo del decreto conciliar Inter Mirifica (1963), y por lo mismo la apertura realizada por el Concilio Vaticano II y la presencia dominante del pensamiento de Marshall McLuhan.

En los segunda etapa, la Igíesia latinoamericana junto con los sociólogos cuestiona radicaímente el modelo desarrollista. Se rehúsa a ver a los medios de comunicación masivo como si bastaran ellos sólos para reproducir el cambio social. Pone en evidencia los vicios capitalistas en los medios: la manipulación, el consumismo, la masificación, el monopolio de las agencias informativas, todo lo cual origina un neocolonialismo y una situación de dependencia.

Esta situación provoca la búsqueda de modelos alternativos que revaloricen los pequeños medios, las técnicas autóctonas: desde la tertulia a la danza, el teatro, las hojas volantes, los audiovisuales... todo en función de una comunicación humanizada, honesta, apta para el crecimiento del hombre y respetuosa de su cultura y de su ritmo.

Los hechos importantes de este periodo son: Reunión de reflexión del DECOS (Departamento de Comunicación Social), Melgar (Colombia), 1970; Seminario sobre comunicación y educación, México, 1971; tres seminarios regionales sobre pastoral de la comunicación: Antigua (Guatemala), San Miguel (Argentina), Cumbayá (Ecuador), 1972; Reunión Interamericana de la Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales, Cumbayá (Ecuador), 1972; y el documento "Perspectivas de comunicador social", Bogotá, 1974.

En casi todos los documentos hay puntos de convergencia. Se critican, a veces con virulencia, los aspectos negativos: la estructura discriminatoria de los medios, que deja al margen estratos mayoritarios de población; la concentración de los medios en pocas manos (minorías economico políticas, nacionales y extranjeras), el sistema de valores en función del estatus; una comunicación que se ubica "en términos de dependencia económica, política e ideológica".

En la tercera etapa se acentúan los problemas de industriaíización desordenada y el éxodo del campo a la ciudad, así como la crisis económica que provoca desempleo.

En lo que se refiere a nuestro tema se plantean problemas capitales para América Latina y en general para el Tercer Mundo, como las "políticas" de comunicación, la necesidad de un "Nuevo Orden ínformativo internacional", la urgencia de crear agencias noticiosas propias para equilibrar el poder de las trasnacionales que habitualmente manipulan las noticias latinoamericanas según sus intereses y las ideologías que la sustentan.

En este periodo se producen seis hechos significativos: el documento "La evangelización y los MCS", Bogotá, 1975; el encuentro de Audiovisuales y evangelización, Lima, 1977; dos encuentros regionales, en Buenos Aires y en San José, 1977; el documento "Evangelización y Comunicación Social en América Latina", DECOS, Bogotá, 1978; y "La Comunicación Social", en el Documento final de Puebla, 1979.

En la cuarta etapa destaca el regreso de algunos países a la democracia, el de pacificación en Centroamérica por parte del Grupo Contadora, y el grave problema de la deuda externa, que impide al continente lograr su independencia política y económica.

Los principales documentos elaborados a su vez por organismos eclesiásticos son: el "Reglamento del Servicio Informativo de la Iglesia en América Latina" (CIAL), Bogotá, 1980; la "Propuesta general para la formación de los religiosos en y desde la comunicación", Bogotá, 1980; el importante "Iglesia y Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación" (NOMIC), Embú (Brasil), 1982; el ensayo "Hacia una teología de la comunicación en América Latina", Bogotá, 1983; las conclusiones de la Reunión DECOSCELAM y organismos eclesiásticos de comunicación social, Lima, 1984; y las conclusiones del seminario "Iglesia y desafíos de la comunicación contemporánea", Quito, 1985.

PROPUESTAS Y LÍNEAS DE ACCIÓN ANTE LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA CRÍTICA.

La Iglesia señala que lamentarse de la calidad de los programas y de la imposibilidad de establecer un control, es argumentar a favor del gran poder de la televisión en el hogar. Lo que está al alcance es la educación del telespectador. Si pudiera crearse una actitud crítica ante la televisión y se lograran relaciones familiares sanas, el problema no residiría en la cantidad de horas que se consumen ni en la bondad o calidad de los programas, sino en si la TV motiva o no formas novedosas y creativas de comunicación y diálogo familiar.

Agrega que la mayor parte de la conversación cotidiana de los pueblos afectados por los medios de comunicación gira alrededor de lo que éstos dicen y dan a conocer. Considera que los medios, en ocasiones más que acercar a los individuos y a las comunidades, atomizan a los grupos y aislan a los ciudadanos mediante un proceso de saturación de mensajes y de de las relaciones impersonales.

Los documentos de la Iglesia latinoamericana apuntan que en la estructura social de nuestros países hay ciertos grupos que en determinado momento controlan la información y generan condicionamientos, obstáculos, inhibiciones o censuras con respecto a la opinión pública, de ahí que algunos lleguen a decir que los medios conforman, no forman opinión.

Sostienen que el rápido crecimiento de la TV ha suscitado preocupaciones cada vez más serias con a algunos de los efectos que pueden acarrear:

Por cuanto se refiere a la radio, consideran que en América Latina es el medio de comunicación menos sometido a las empresas trasnacionales. A pesar de esto, los mensajes que se trasmiten por conducto de ella no llegan todavía a una gran porción de la población que vive en regiones aisladas, y muchas estaciones sólo dan a las masas que están a su alcance unos contenidos extranjeros y unas imágenes deformes de la realidad.

Los documentos eclesiásticos elaborados en los últimos 20 años reconocen que existe una insuficiente reflexión entre obispos, sacerdotes, religiosos y dirigentes laicos para atender a fondo el cambio que producen los medios en los valores y vivencias del pueblo; sobre todo en las actuales tendencias a masificar, despersonalizar y trasmitir mensajes negativos.

En "Iglesia y Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación" (NOMIC), Embú, Brasil, 1982, se presentan cuatro propuestas ante la situación de los medios en los diversos países: democratización de las comunicaciones y de los recursos de la información; creación y fortalecimiento de las infraestructuras necesarias para que los países del Tercer Mundo participen en términos de igualdad en la comunicación internacional; integración entre los sistemas de comunicación y los objetivos del desarrollo autónomo y autosostenido de los pueblos subdesarrollados.

En general, en los documentos de la Iglesia latinoamericana se puntualiza sobre los contravalores actuales de la comunicación social: manipulación de las conciencias a través de mensajes subliminales, directos e indirectos, que vulneran la actividad y libertad personal; control que grupos económicos hacen de los procesos de información en favor de los intereses particulares más que del bien común. Los medios empiezan a crear un hombre "robotizado", sin ninguna actitud crítica, que se limita a reproducir el orden social, económico, político y cultural, en favor del dominio de unos pocos.

El Documento de Puebla denuncia que los poderes políticos y económicos se empeñan en mantener el estatus, que el monopolio de la información permite el uso arbitrario y la emisión de mensajes de acuerdo con los intereses sectoriales. Subraya cómo la extensa programación de series extranjeras produce trasculturación y es destructora al mismo tiempo de los valores autóctonos. Agrega el estudio de los obispos que el sistema publicitario tal como se presenta y el uso abusivo del deporte, en tanto que el elemento de evasión, constituye un factor importante de alienación. Todo este orden parece estar encaminado a justificar la brecha entre ricos y pobres. Se da un uso arbitrario de la información y distorsión de los mensajes, de acuerdo con intereses sectoriales.

La Iglesia calcula que 15 empresas trasnacionales controlan la mayor parte de las operaciones de los programas: producción, emisión y recepción de ellos en el continente.

El ejercicio del poder a través de la comunicación-información se da en los países latinoamericanos. Algunos gobiernos que se autodenominan democráticos utilizan diversas estrategias para controlar al máximo posible la información.

En no pocos casos la proclamación de la libertad de expresión va acompañada de la posibilidad de expresarse casi sólo por parte de aquellos que tienen la capacidad económica de comprar espacios en los medios. Ello provoca a su vez la comercialización abusiva, que da como resultado la explotación de las pasiones, el refuerzo del machismo, la violencia y el sexo con fines consumistas.

Sucede que la falta de un espíritu y de una profunda jerarquía de valores acaba por situar en este contexto de comercialización a los artistas e intelectuales. Esto a lo largo termina en una despersonalizante uniformidad. Ante esta situación, hay un creciente interés para lograr un criterio interpretativo y valorativo de los medios, aunque todavía insuficiente. La Iglesia latinoamericana invita a los cristianos a un compromiso más serio en materia de comunicación, observando los siguientes parámetros: fortalecer un sistema informativo donde se privilegie al ser sobre el tener y el poder, evitar ideologizaciones que opriman al hombre y atentan contra su dignidad. A esto se llega por medio del fortalecimiento de la participación responsable de cada uno de los sectores de la sociedad, y del ejercicio de la autoridad como servicio para crear un ambiente donde el hombre se mueva dentro de los criterios de justicia, fraternidad e igualdad.

Al interior de la Iglesia la comunicación es escasa y esporádica, lo que provoca a su vez falta de opinión, por eso, para ser "voz de los que no tienen voz" es necesario asumir una actitud crítica.

El plan global del CELAM 1983-1986, en el capítulo "Políticas y estrategias" reconoce que en la Iglesia latinoamericana todavía no se da una gran preocupación por formar a los fieles en la comunicación social. Señala cómo los cristianos tienen que desarrollar el sentido crítico y la percepción activa frente a los medios:

La Iglesia latinoamericana planteó lineamientos concretos más eficaces en la Reunión de Embú, Brasil, 1982, tales como la democratización de los medios: llegar a una comunicación participativa donde padres de familia y educadores se capaciten, no sólo para enfrentarse críticamente a los mensajes de los medios, sino también para adecuar los contenidos de éstos a situaciones particulares.

También se plantea lograr una más justa distribución de la propiedad de los medios, esto es, romper con los monopolios estatales y privados, y facilitar el acceso a todos los sectores sociales, que hoy son simples y pasivos receptores. La democratización exige que el pueblo tenga y ejerza "el poder" en el campo de la comunicación.

Asimismo, la Iglesia propone promover medios grupales en donde las pequeñas comunidades y grupos marginados encuentran un ambiente favorable al diálogo y a la participación comunitaria ya que éstos "son menos costosos y de fácil manejo, ofrecen la posibilidad del diálogo y son más aptos para una evangelización de persona a persona que suscite adhesión y compromiso verdaderamente personal".

Tanto los medios masivos como grupales tienen que manejarse compiementariamente, porque no se trata de asumir uno excluyendo 0 mmimizando la importancia del otro, puesambosson indispensables para el ejercicio de la misión evangelizadora de la Iglesia. Añade que debe pugnarse por una comunicación dialógica, horizontal, participativa, de base, alternative y popular, donde los pobres y grupos margmados de la sociedad tençan un espacio para expresar su pensar y sentir, ya que es escandalosa "la situación de incomunicación derivada del pecado social en un continente mayoritariamente católico".

La Iglesia señala la necesidad de la reorientación de los medios; es decir, multiplicar los canales de comunicación sectoriales, locales o grupales, que sirvan de voz al pueblo en los diversos niveles en que este se encuentra, porque la comunicación popular para la Iglesia constituye un imperativo evangelizador.

La Iglesia del continente pide a los profesionales de la comunicación ayuda para formar comunidades populares con base en experiencias de "comunicación grupal liberadora"; los invita a que participen urgentemente en la elaboración de políticas editoriales y en la cogestión de los medios: que apoyen a las clases populares, a los sindicatos y a los diversos estamentos de la sociedad para que los objetivos del NOMIC se hagan realidad.

Por lo que se refiere a la Iglesia mexicana, hay que señalar dos situaciones que pueden llevarnos a una comprensión más plena de lo que ha sido la participación de ésta en los últimos años en los medios de comunicación, por un lado, la actual legislación no permite a la Iglesia participar directamente, o más aún, poseer algún medio masivo de comunicación, y por el otro, tampoco se deja ver una gran preocupación por parte de la Conferencia Episcopal Mexicana por participar en ellos; al menos así lo indican los documentos de los últimos 20 años.

Su participación para influir en la formación de una conciencia crítica se reduce a unos cuantos textos. Uno de ellos señala la necesidad de "usar rectamente los medios de comunicación social y luchar efectivamente para que éstos no sean instrumentos para establecer el dominio de un sector de la sociedad''. Conminan a los medios a "prestar su servicio maravilloso en favor de todos, particularmente de los marginados que se ofrezcan valores que los dignifiquen, renunciando a todo lo que signifique explotación y enajenación''.

Dicen que "es necesario buscar intervenir en la elaboración y ejecución de programas que impulsen los medios de comunicación masiva para encaminarlos a la educación, principalmente de adultos, buscando su liberación y autopromoción..." Explican que obstaculizados frecuentemente por el orden establecido, los medios permiten formar al hombre que el mismo orden desea, es decir, un hombre a su imagen. Por ello se les reprueba que "envenenen y no eduquen, que sigan enajenando al pueblo con una sofocante presión hacia el consumismo".

Sobre la propaganda publicitaria, afirman que es inmoral cuando no informa, sino deforma; cuando falsea la relación natural entre satisfactores y necesidades reales, ya que esto repercute en el aumento de precios. Y sin decir cómo puede lograrse, llaman "a una educación para la justicia, a través de todo un trabajo continuado y sistemático, a partir de la familia, la escuela y los medios de comunicación social" Fuera de la jerarquía eclesiástica, los intentos de las comunidade religiosas para colaborar con los cristianos en la formación de una conciencia crítica ante los medios de información son muy esporádicos y en ocasiones sin consistencia.

Por último, debemos señalar que el Directorio de Medios Católicos de Comunicación Social de la República Mexicana consignaba, hasta 1984, aproximadamente 206 publicaciones: 46 semanales con un tiraje de 1,357,830 ejemplares; 17 quincenales con 17,310; 98 mensualess con 3,305; 30 bimestrales con un poco más de 90 mil y 15 trimestrales con 12,450.

La mayoría de estas publicaciones están dirigidas a los fieles y grupos parroquiales y sus contenidos se orientan más a cuestiones pastorales que a la formación de una conciencia crítica de los medios de comunicación; y aunque hay pequeños grupos aislados que se han preocupado por este problema, sus esfuerzos no han logrado una resonancia adecuada.

CONCLUSIÓN

A partir del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia Católica y sobre todo algunas de sus organizaciones religlosas (dominicos, jesuitas, paulinos, etc.), se han hecho cada vez más conscientes del significado social y cultural de los "instrumentos de comunicación social", los han evaluado éticamente desde su punto de vista y han elaborado orientaciones morales y pastorales, tanto para su uso crítico por parte de la feligresía, como para su empleo por parte de sus agentes religiosos en sus trabajos específicos

Congruentemente con el incremento de la conciencia social de la mayor parte de la población de nuestros países la Iglesia latinoamericana, a partir de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia, ha denunciado la influencia directa e indirecta de los intrumentos de comunicación social en la reproducción de un sistema capitalista, subdesarrollado, dependiente, desigual y concentracionista, y ha orientado a su feligresía para su uso crítico y su empleo como medios de transformación social, en conformidad con los valores y las actitudes evangélicas. Es así como la Iglesia Católica latinoamericana, en muchos de sus documentos, seminarios y actividades oficiales, se ha sumado a la promoción de un Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación, que tenga en cuenta las aspiraciones y las luchas de las clases populares de América Latina para la construcción de sociedades más justas.

Dados los condicionamientos económicos y políticos que tienen los medios masivos de comunicación social en nuestras sociedades injustas, así como la gran dificultad para promover una major comunicación personal (TV, cine, la mayor parte de la prensa, muchas cadenas de radio, etc.), para la Iglesia Católica latinoamericana han cobrado mayor relieve en los últimos años los micromedios (diapositivas, discos, cassettes, videocassettes, etc.) y los medios tradicionales de comunicación social (teatro, danza, cuadros plásticos, música y el mismo púlpito), como agentes alternativos de comunicación e instrumentos de concientización y de liberación integral.

En vista de las peculiares condiciones políticas, juridicas y eclesiásticas de la Iglesia en México, la nueva conciencia, actitud y movimientos de la Iglesia Católica Universal, y de la Iglesia latinoamericana en particular, han tenido escasa resonancia en este país.

Si es verdad que se da una falta de correspondencia entre las tomas de posición teóricas y las acciones prácticas de la Iglesia Católica a propósito de los medios, incluso a nivel latinoamericano (en razón de la novedad que para ella han significado tales medios, y de lo relativamente reciente de sus programas de formación), esta falta de correspondencia es más grande en países como México.

Sin embargo, como en el resto de América Latina, cada vez son más los movimientos y grupos de pastoral renovada, las comunidades eclesiales de la base, y los agentes laicos o religiosos de la Iglesia los que se sirven de los medios con una conciencia crítica o los emplean para una transformación de nuestra sociedad.