Agustín Basave Benítez

"Soñar no cuesta nada

Monterrey, N.L., a 5 de septiembre de 1997

 

 
Soñar no cuesta nada dice el onírico y regiomontano título de esta colección de ensayos periodísticos con la que Agustín Basave Benítez sorprende a sus lectores, habituados por su culpa al análisis político y a la historia de las ideas. A lo largo de muchas reminiscencias, y sobre todo en los primeros capítulos, Basave nos entrega una ignota faceta de su personalidad. Viven-cias, viajes y semblanzas dan el pretexto para desvanecer una máscara de racionalidad fría e imperturbable y mostrar un rostro humano, sensible, real, con lo que se enriquece el texto y el personaje que es él mismo.
 
En forma soterrada en algunos de los artículos, abiertamente en otros, Basave se da permiso de transparentar una delgada epidermis afectiva y nos com-parte su infancia, los recuerdos catárticos de su madre, la ternura de sus hijos, su soledad, ciudades de edificios invisibles y almas inesperadas, personajes entrañables, ideas atrapadas en giros de imaginación. En estas páginas, pues, Basave abandona la puleritud milimétrica de su lenguaje aca-démico-político y afortunadamente deja salir de su pluma una prosa más intima, más cálida y más rica en tonalidades humanas.
 
¿Constituye esta obra una señal de que Basave se interna cada vez más al campo literario y abandona la rigidez del lenguaje analítico que acostumbra? En todo caso, ¡bienvenido!
Jaime Sabines

 

Agustín Francisco Basave Benítez nació en Monterrey, Nuevo León, el 21 de septiembre de 1958. Es licenciado en Sistemas de Computación Adminis-trativa por el ITESM, maestro en Administración Puública y Políticas Públicas por la Universidad de Purdue, Estados Unidos, y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford, Inglaterra. Político, ha sido diputado federal, consejero de Luis Donaldo Colosio en su campaña presidencial, director gene-ral de Desarrollo Político de la Secretaría de Gober-nacion y presidente nacional de la Fundación Colosio, A.C.; politólogo, ha impartido cátedra y realizado tra-bajos de investigación en la UNAM, el ITAM y la UANL y actualmente es profesor-investigador del ITESM. Como ensayista ha sido cola-borador de Excelsior y de diversas publicaciones periódical. Fue director funda-dor de la revista Quórum y es autor de dos libros previos, México mestizo {FCE, 1992) e Historia silenciosa (C de D, 1994).

Prefacio
 
Este libro no es lo que parece. En todo caso, quiero creer que es más de lo que parece. Y es que, en efecto, entre la idea que originalmente me movió a ensamblarlo y bautizarlo y el resultado final que el lector tiene ahora en sus manos media un buen trecho de añadiduras, cada una de las cuales se fue alejando cada vez más del punto de partida de esta colección de ensayos periodísticos.
 
Mi primera intención fue reunir en un volumen mís artículos más vitales, recopilando exclusivamente aquéllos de contenido emotivo y corte lírico. Pero muy pronto corroboré que he divulgado (nunca escribo para mí solo) mucho de lo que pienso y muy poco de lo que siento; en otras palabras, que las licencias de desahogo personal que me he dado frente al papel no den más que para un folleto. El editor me exhortó entonces a agregar otro tipo de escritos y ya entrado en gastos fui sumando uno a uno los temas subsecuentes, dejando en el primer capítulo el magro fruto de mi proyecto inicial. De hecho, de los valladares selectivos que erigí al principio como criterios de compilación sólo dos resistierón el vendaval: el que debía incluir lo que más allá del fondo tuviera algún mérito de forma (diría valor literario si no sonara excesivo) y el que debía excluir el comentario socioeconómico o de coyuntura, la polémica y sobre todo el análisis político (en el que, por cierto, sí tengo material para varios tomos que pronto amenazaré con editar).
 
Los 64 textos que conforman esta obra fueron escritos y publicados entre 1985 y 1995 que es justamente la décade en que fuy articulista de la sección editorial de Excélsior. No es de extrañar, pues, que la mayoría de ellos (56) aparecieran en ese periódico, y sólo unos cuantos en las revistas Examen (3), Nexos ( I ) y Quórum ( 1), en una contraportada ( 1 ), en un libro (1), y en varios testimonios de trabajo parlamentario (1). La clasificación temática y la secuencia dentro de cada uno de los ocho temas del índice contienen, como es costumbre, bastantes traslapes y una buena dosis de arbitrariedad, pero su propósito fundamental es dar hilación y sentido global al conjunto por encima del orden cronológico. Obviamente, en cada caso se apunta a pie de página fuente y fecha y se señala entre paréntesis el título de hemeroteca cuando es distinto al que aquí se presenta.
 
Debo admitir que me tomé ciertas libertades. Extraje fragmentos e hice cambios y adiciones a algunos artículos por diversas rezones: por la pertinencia parcial de ciertos párrafos, para corregir las "correcciones" de los inefables "correctores" de prensa (el que rie al último ríe mejor), por venganza efímera contra el duende de la imprenta (que por desgracia siempre ríe al último). Desde luego, dado que padezco la manía alfonsina de enviar los escritos para su publicación con el fin de no seguir corrigiendolos indefinidamente, aproveché también la ocasión pare darles la más reciente (que no necesariamente la última) acicalada.
 
El "pretítulo" Reminiscencius es el homenaje póstumo que a mi antigua columna periodística, por muchos años impresa con ese nombre, le brinda el libro que recoge sus textos más emblemáticos. Con esa palabra "pretitulé" mis primeras colaboraciones editoriales en mi época de estudiante en Monterrey, y con ella se identificaron las que continué realizando durante mis tiempos políticos en México. El título Soñar no cuestu a nada me lo, sugirió, como señale anteriormente, el proyecto original, y decidí mantenerlo cuando me di cuenta de que aun mis reflexiones más racionales tenían mucho de sueños gratuitos.
 
Dejo, sin embargo, asignaturas pendientes. Se me quedaron en el tintero artículos ya redactados en mi mente que algún día escribiré. Pienso en las semblanzas de mi padre y de mi esposa, en las vivencias de mis fiestas de cumpleanos, en personajes como Sabines, Sebastián y Germán Dehesa (en quienes reconozco, además de a los amigos que saben serlo, al mejor poeta, al mejor escultor y al mejor cronista del humor y la sensibilidad de México); pienso en mis viajes a España y a otras partes de Europa, en reseñas de películas como "La oveja negra", "Y la nave va", "El viento y el León", "Cinema Paradiso", "Gandhi", "Perfume de mujer", "El cartero", "Kolya", "Sostiene Pereira" y varies de Zeffirelli; y pienso también en una mirada al Renacimiento, en una disquisición que se podrá llamar "La felicidad es la última prueba de la inteligencia" y en un atisbo a las futures implicaciones humanas de la cibernética. Pero ya habrá oportunidad.
 
Quiero terminar con la necesarísima nota de agradecimiento. A las publicaciones que albergaron mis ocurrencias, y a sus directivos, muy especialmente a Excélsior, y a su director general, por su hospitalidad. Al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, por recibirme de vuelta. A José Luis Cuevas y a Gerardo Cantú, por la gentileza de darme los esplendidos dibujos que ilustran la portada y la contraportada. A Christopher Domínguez, por sacarme de dudes de autoría. A don Jaime Sabines, por su doblemente generoso prólogo-presentación, que no sólo es el primero que trace sino que, pare colmo, lo trace a una obra que acabé rellenando con escritos que distan mucho de lo que él había aceptado prologar. A mi pasada soledad, al recuerdo de mi madre, a Agustím Carlos y a Alejandro Francisco, y hasta a quienes demolieron la casa de mis primeros años, por obsequiarme la inspiración para escribir los que se han convertido en mis textos preferidos. Y por supuesto a Josefa, porque sin su apoyo este libro como tantas otras cosas en mi nueva vida, no habría sido posible.
 
Monterrey, N.L., a 5 de septiembre de 1997
 
(A un mes de mí postergadísimo reencuentro con la computadora y a un prefacio de haberla trocado por primera y fatídica vez en pluma).

 

Agustín Basave Benítez