Límites y potencialidades de la economía de México

al final del siglo XX.

Víctor López Villafañe*

Hemos pasado ya prácticamente el siglo XX y la economía mexicana sigue enfrentando viejos problemas que continuarán siendo obstáculos que le impiden un pleno desarrollo para enfrentar con éxito el nuevo siglo. También y a pesar de estos problemas, la economía mexicana sigue mostrando enormes potencialidades, que se reflejan en los ciclos de recuperación de las crisis y en los segmentos de la economía que han podido internacionalizarse.

¿Cuáles son estos viejos problemas? El principal ha sido la falta de estrategia para unir regiones y sectores, poblaciones y mercados, y haber impulsado tecnologías que respaldaran la evolución industrial. Hemos tenido planes y programas económicos pero no una visión de largo plazo que implicara un esfuerzo sostenido y conjunto del Estado, el sector privado, y las necesidades de la sociedad. El país presenta por supuesto cambios importantes en su fisonomía en este fin de siglo, el más sobresaliente ha sido su apertura a la economía mundial. Sin embargo no se ha podido establecer un proyecto industrial, tecnológico y social insertado bajo esta nueva situación. La dualidad de la economía del país - característica perenne que expresa la coexistencia de sectores modernos y atrasados - si bien ha cambiado de contexto, sigue siendo un factor de profundos desequilibrios y debilidades de la economía mexicana y generador de grandes inestabilidades en el país.


EL LARGO CICLO DE ENDEUDAMIENTO

La deuda externa que empezó a ser tratada como complementaria a la inversión nacional en la década de los 70, o un problema de caja en la crisis de pagos de 1982, se convirtió definitivamente en el rasgo distintivo de la economía mexicana en los últimos 30 años de este siglo que está por finalizar. La economía mexicana ha operado como una gigantesca plaza financiera mundial en la que ingresan periódicamente enormes cantidades de recursos externos, pero de la que salen aún mayores cantidades hacia los mercados foráneos de capital. La deuda se ha incrementado proporcionalmente, pero su servicio, o sea el pago de intereses y amortización, lo ha hecho geométricamente. Así con la internacionalización y liberación del sector financiero, han crecido los márgenes de crecimiento - declinación de la economía mexicana. Esto es, cada vez nos recuperamos más rápido, pero también más rápido y más profundas han sido las crisis de la economía (ver gráfica 1).

Podemos distinguir fases más o menos claras en estos treinta años de cómo se ha pagado la deuda. Se pueden distinguir tres niveles de compromisos. En la década de los 70 los pagos anuales promediaban cantidades alrededor de 3 mil millones de dólares. En los 80 hasta 1992 los pagos oscilaron entre los 10 y los 20 mil millones de dólares. Finalmente en los años de esta última década las cifras van de los 20 mil y llegan hasta los 36 mil millones de dólares (ver gráfica 2).

Otra cuestión que llama la atención es lo que podríamos llamar el ciclo político de la deuda y que está relacionado con el patrón de salida de capitales vinculado al cambio de poderes de forma sexenal en nuestro sistema político mexicano. De 1970 hasta 1998, las reservas internacionales han decrecido en 1976, 1982, 1985, 1988 y la de 1994 que fue sin lugar a dudas las más impresionante y voluminosa de todas, de 18 mil millones de dólares (ver gráfica 3).

Todos las fechas de salidas de capital están asociadas con la renovación del poder ejecutivo, salvo el año de 1985, en el que la crisis del petróleo y en cierta medida el terremoto de septiembre golpearon a la economía nacional. La salida de capitales ha adoptado también el patrón creciente. En 1976 la salida de capitales alcanzó la cifra de mil millones de dólares y así fue incrementándose, de 7 mil millones en 1988 ascendió a 18 mil millones de dólares en 1994.

Estas salidas de capital provocan verdaderos hoyos en las finanzas nacionales y fuertes sacudidas de la economía nacional, así como preparan el terreno para un nuevo ciclo de endeudamiento. De esta manera en lugar de descender, el nivel de endeudamiento aumenta con el cambio de sexenio, ya sea un año antes como en 1975, 1981, 1987 y 1993 (con el 55%, 47%, 6% y 12% respectivamente) o en el mismo año del cambio de poderes o un año después como en 1994 - 1995 (con endeudamientos del 24% y 18% respectivamente). Como se puede apreciar, existe una asociación clara entre el sistema político y los crecientes niveles de endeudamiento. Se puede estimar pues un patrón sexenal en el cual el nivel de endeudamiento se eleva al principio, para disminuir a la mitad y volver a repuntar a finales o principios del siguiente (ver gráfica 4).

El servicio de la deuda se ha convertido en una montaña de recursos que emigran del país. De 1970 a 1997, México ha pagado a los capitales extranjeros cerca de 339 mil millones de dólares repartidos de la siguiente manera. En la década de los 70 se pagó un total de 25 mil millones; en la de los 80, 123 mil millones y en lo que va de los 90 se ha pagado una cantidad de 191 mil millones. Hemos estado dentro de un círculo de endeudamiento que no sólo no se puede reducir, sino que se ha aumentado en proporciones aceleradas. De hecho, se trata de un círculo en donde nuestros propios capitales han sido la base del refinanciamiento de la economía mexicana (ver gráficas 5 y 6).

 

Un fenómeno a destacar consiste en el cambio hacia el crecimiento de la deuda privada en la década de los 90, como parte de la estrategia del modelo económico de reducción del papel de Estado y las nuevas necesidades del sector privado en un ambiente de escasez de capitales en el mercado doméstico. A partir de 1982, con la política de privatizaciones del sector paraestatal, la deuda externa privada empezó a aumentar, pues se tuvo que acceder a los capitales externos para pagar las empresas dadas las mejores tasas de interés y la falta de capital nacional. A partir de 1991, la deuda externa privada empezó de nuevo a crecer aceleradamente por la necesidad de recursos frescos para sanear las finanzas de los bancos recién adquiridos (ver gráfica 7). Además por el clima de desregulación del mercado nacional, los empresarios nativos requerían del financiamiento externo para enfrentar la competencia regional e internacional. El elevado costo del dinero en el mercado interno, así como el tipo de cambio relativamente fijo hasta 1994 y las expectativas de recuperación y crecimiento con estabilidad, estimularon el endeudamiento externo del sector privado.

De esta forma el sector privado nacional ha recurrido a los capitales extranjeros para sostener sus inversiones en México y en el mundo. La crisis de 1994 cambió en cierta medida la predisposición a adquirir créditos en el exterior, por las consecuencias de la devaluación y el peligro de consecuentes devaluaciones. Sin embargo, la ausencia de capitales nacionales dispuestos al riesgo, ha obligado a los empresarios mexicanos a renegociar pasivos en el extranjero con el fin de sobrevivir financieramente.

Otro elemento muy importante a escala internacional es el relativo al cambio en la estrategia del sector financiero mundial, que pasó de reciclar los petrodólares de la banca internacional en la década de los 70 en las economías de América Latina y otras regiones del mundo, a la movilización de recursos financieros provenientes de fondos de pensiones y capitales formados preferentemente en los Estados Unidos que implicaban una aceleración en la búsqueda de ganancias en los llamados mercados emergentes. Estos países recibían en 1982 más del 80% de los flujos financieros a través de la banca internacional para reducirlos hasta un 20% en la década de los 90. Así los financiamientos por medio de acciones u obligaciones reemplazaron a las líneas de crédito bancarias.

La deuda ha tenido efectos importantes no sólo sobre la inversión y el crecimiento, al restarnos capitales que de otra manera podrían utilizarse para la reinversión en áreas rentables o incluso en nuevos campos de la industria del próximo siglo, campos en los que prácticamente el capital nacional no ha podido incursionar. México se convirtió en un exportador de capitales en lugar de mercancías, después de la crisis del petróleo y la deuda, que desde 1982 implicaba capital nuevo para pagar el capital adeudado, pasando a depender cada vez más de la inversión extranjera para el desarrollo de su economía. Así, un mayor endeudamiento provocaba la necesidad de una mayor apertura para la inversión extranjera y de ésta, la de portafolio, que no agregaba riqueza al país, se convirtió en los últimos años en la más importante (ver cuadro 1).

Cuadro 1:

Flujo de Capitales Privados

1985 - 1993

Inversión Directa

Inversión de Portafolio

Total b/d

Porcentaje del PNB

México

48%

42.9%

US $ 57.4

3.2

China

53.7%

3.9%

US $ 106.57

3.9

Fuente: Ma, S.Y. "Private Capital Flows to China: Macroeconomic Consequences and Policy Response". Journal of Contemporary Asia. Vol. 27. No.1, 1997.

Los pagos por deuda externa pública y privada para 1999 y el año 2000 serán de más de 35 mil millones de dólares. En el primer año los pagos serán de 22 mil 506 millones, de los cuales el gobierno deberá realizar 12 mil 506 millones y el resto por empresas privadas y bancos. Cerraremos el siglo con una fuerte suma de recursos al exterior. No sólo esto limitará la fuente de recursos pues tenemos un nuevo yacimiento de deuda, ésta de carácter interno. El sexenio del presidente Zedillo ha podido disminuir el total de la deuda pública externa, al pasar de más de 100 mil millones de dólares a 87 mil 736 millones en 1998, pero la deuda pública interna, que será su herencia para las generaciones futuras pasó de más de 38 mil millones de dólares a más de 103 mil al integrarse los pasivos de los bancos mediante el FOBAPROA.


EL SECTOR EXPORTADOR

En un país con una deuda externa muy grande la fuente de divisas generadas por la exportación se convierte en un factor no sólo importante y clave, sino estratégico para su futuro. La economía del país debe pagar los costos de la deuda y generar ahorro para cubrir las inversiones de expansión, por eso parte de la explicación de los límites a la expansión económica proviene de la evolución de la exportación de bienes y servicios en nuestro país que pese a cambios muy notables no ha podido convertirse en el pivote del nuevo despegue de la economía mexicana.

Como se sabe hemos transitado en los últimos veinte años de la política de sustitución de importaciones aplicada desde los años 50 al modelo exportador de bienes manufacturados. Un viejo problema estructural en la etapa del proteccionismo fue la incapacidad de generar un sector manufacturero con capacidad tecnológica y de calidad que pudiera convertirse rápidamente en un sector altamente exportador. Se pensó que la apertura de la economía se pensó podía activar todos los mecanismos para fortalecer el sector exportador en su totalidad, sin embargo el balance ha sido hasta ahora muy desigual y sus beneficios por lo tanto han tendido a dirigirse hacia los sectores más modernos y vinculados desde antes de la apertura con el exterior.

Esta falla estructural, que ha impedido el efecto modernizador en vastos sectores de la manufactura, ligado a la falta de integración con la pequeña y mediana empresa han sido determinantes para inhibir la expansión del sector exportador. México no ha tenido propiamente, como en el caso de varias de las economías del este y sudeste de Asia, un auge sostenido de las exportaciones. Más bien el crecimiento de las exportaciones se ha dado en los años que siguen a una crisis de la economía y a la devaluación, que provocan tanto la pérdida del mercado como la competitividad de las mercancías mexicanas. También, la caída de las importaciones se da como efecto de las crisis, provocando un mejoramiento en la balanza comercial, lo que se pierde una vez que las recuperaciones vuelven a darse y con ello el aumento de las compras del exterior. Como no se ha combinado un programa de sustitución de importaciones, que no sería sino la expresión del fortalecimiento del mercado nacional vía las empresas que operan en este radio de acción, con la política de exportaciones, la economía en realidad queda sujeta a los vaivenes de las coyunturas, y eso es precisamente lo que ha acontecido en los últimos años. Los saldos positivos se convierten en negativos hasta que arriba una nueva crisis y con ella se reinicia un nuevo ciclo (ver gráfica 8).

Tenemos además el reforzamiento de varias tendencias. Primero, la mayor concentración de nuestro comercio con el mercado de los Estados Unidos. En 1986 este mercado representaba el 66% de las exportaciones y el 60% de las importaciones, para 1997 estos porcentajes se incrementaron al 83.9% y 75.5% respectivamente. También, de la concentración en la exportación de petróleo se ha pasado a la exportación de bienes manufacturados, de representar en 1980 el 67.3% del total de las exportaciones ha ido decreciendo al 39% en 1986 y al 10.3% en 1997, mientras que las exportaciones de manufacturas han pasado de representar el 19.5% de las exportaciones totales en 1980, al 44.8% en 1986 y 85.8% en 1997. Mientras tanto, las ramas electrónica y automotriz de la industria manufacturera concentraron el 76.9% de la actividad de esta división durante 1997.

En realidad, el comercio mexicano se ha vuelto mucho más horizontal e intraindustrial dentro de las grandes cadenas internacionales de producción, pues estas ramas son muy dinámicas a nivel mundial y en el caso de nuestro país las principales compañías son de origen extranjero. En el caso de la industria automotriz, los proveedores nacionales aportan sólo el 25% de los insumos utilizados en dicha rama. Como un dato significativo de lo anterior esta el aumento del volumen exportado por las empresas extranjeras (incluyendo maquiladoras) que pasaron de representar el 47.80% en 1993 al 56.24% de las exportaciones totales en 1996, mientras que las empresas nacionales redujeron su participación del 52.20% al 43.76% de las exportaciones totales. Además en muchos casos el éxito de la exportación de estas últimas se debió a la formación de alianzas estratégicas con firmas extranjeras. Tal es el caso de las empresas acereras mexicanas HYLSAMEX, TAMSA y AHMSA, las cuales lograron llevar al país del lugar 20° al 14° en producción mundial de acero entre 1992 y 1996, gracias a sus proyectos de modernización y globlalización generalizados y a sus alianzas con empresas extranjeras - HYLSAMEX con la alemana Scholemann Siemag y recientemente con la estadounidense AK Steel, TAMSA con las argentinas Siderca y Techint Engineering Co, y AHMSA con la estadounidense Inland International. HYLSAMEX y TAMSA además forman parte del Consorcio Amazonia junto con las principales acereras de Argentina, Brasil y Venezuela.

Las compañías internacionales han cambiado su estrategia de proveeeduría, especialmente cuando el objetivo en un país no es tanto el mercado doméstico sino los mercados mundiales, como sería el caso de México, de atraer sus proveedores con el fin de cumplir con los requisitos de tecnología y calidad exigidos en los mercados internacionales hoy en día. Podemos citar el caso de Volkswagen de México quienes para producir nuevos modelos han instalado 20 nuevas proveedoras alemanas en Puebla. Las empresas se encuentran más interesadas en los proveedores de conjuntos integrados que en los de componentes, por lo que la infraestructura propia y el desarrollo tecnológico se convierten en factores de competitividad a esta altura del desarrollo automotriz. El ejemplo del sector automotriz es representativo de las potencialidades y frenos que existen dentro del sector empresarial mexicano, es decir el poco arrastre que el sector exportador ha tenido sobre la pequeña y la mediana empresa comparativamente con sus similares en Asia.

En la industria maquiladora el problema es aún mayor, pues es una industria cuyo potencial es en realidad asimilado por otras economías, en especial la de Estados Unidos, la cual obtiene enormes ventajas competitivas por la reducción de costos al producir en territorio mexicano, mientras que la propia economía mexicana recibe pocos beneficios, siendo el del empleo el más importante. Un fenómeno reciente ha sido la desconcentración de la industria maquiladora de la zona fronteriza hacia el interior del país, un proceso incipiente pero revelador de los cambios en México. Al liberalizarse la economía nacional, los beneficios del sistema maquilador en realidad dejan de ser solamente para la frontera y en muchos casos las empresas empiezan a preferir la producción en donde existen mejores condiciones de mano de obra y entorno económico como en el caso de Monterrey, Querétaro y Aguascalientes. Además cabe destacar que son estas maquiladoras del interior del país las que tienen una mayor integración con la economía nacional en donde la proveeduría puede llegar hasta el 38% (ver gráfica 9).

La industria de maquila ha seguido también el ciclo de las crisis: mientras es mayor la devaluación del peso mexicano, esta tiende a aumentar. Además el trabajo barato atrae a las industrias intensivas en mano de obra lo que implica un cambio negativo para México en la división internacional del trabajo, porque el abaratamiento de la mano de obra se da en el entorno de poca calificación de su fuerza laboral y por lo tanto los probables efectos positivos se pierden. Así cada vez es menor la participación de las maquiladoras que desarrollan manufacturas complejas de alta tecnología y un aumento de las intensivas en mano de obra como la textil y la mueblera, que tienden a aumentar cuando el salario se reduce por efecto de una devaluación. Las maquiladoras de la frontera han aumentado el número de empleados de las ramas de equipo de transporte y eléctrica y electrónica, mientras que en el interior de la República han aumentado singularmente el número de empleados las maquiladoras de la rama de prendas de vestir (ver gráficas 10 y 11). Estos datos apuntan a una división del trabajo que enfatiza las desigualdades regionales en términos de capacitación, salario y derrame económico que provienen de las maquiladoras.

Las exportaciones también están concentradas en un núcleo de grandes empresas extranjeras y nacionales ya que el 41% del total exportado es realizado por 100 grandes empresas de las que el 28% son de capital mayoritariamente extranjero y el resto son nacionales (entre privadas y estatales). El porcentaje que representaron las exportaciones de empresas extranjeras en México para 1997 fue del 17% del total de las exportaciones mexicanas, mientras que las exportaciones de maquiladoras y de empresas nacionales representaron el 38% y el 45% respectivamente para el mismo período. Además las principales exportadoras exceptuando PEMEX son ahora las compañías automotrices (ver gráfica 12) como GM, Ford, Chrysler y Volkswagen, siendo la Chrysler la más involucrada con el exterior al exportar cerca del 80% de su producción entre 1995 y 1996, mientras que las exportaciones de Ford y GM, también en estos años, fueron de más del 60% y 70%. En contraste, dentro del sector automotriz, Nissan es la empresa que más depende del mercado nacional ya que divide su producción 50/50 entre el mercado nacional y el extranjero.

Las principales empresas exportadoras también tienen concentrado el mercado al que se dirigen ya que 60 de las 100 grandes empresas lo hacen sólo al mercado de los Estados Unidos, por lo que en realidad para muchas de estas empresas que además tienden a ser también las principales importadoras, su comercio es más bien intra e inter-industrial y en el que la frontera con México es en realidad sólo un factor de reducción de costos principalmente por la mano de obra empleada y otros insumos ya que en realidad actúan como si estuvieran dentro de su propio territorio de producción y ventas.


DESIGUALDADES REGIONALES

¿El país está menos o más regionalizado económicamente que lo que estaba hace 20 años? ¿Las regiones están más o menos interconectadas entre sí como producto de la globalización económica? Las respuestas a estas interrogantes nos dirán mucho de los cambios que se han dado en la economía nacional. En general las diferencias y la concentración de la riqueza regional, son mayores cada vez. En 1970, 12 entidades del país, la mayoría de ellas en el norte y el D.F., concentraban la mayor riqueza del país (77%), disminuyó un poco para 1993 (73%). Con la puesta en acción del Tratado de Libre Comercio en 1994, la zona norte ha vuelto a ser privilegiada y por lo tanto su participación en la dinámica económica nacional ha aumentado de nueva cuenta.

Las principales empresas nacionales y extranjeras maquiladoras y no maquiladoras se encuentran en estas regiones, como sería el caso del Distrito Federal, Jalisco, el caso Monterrey en Nuevo León y el norte del país en general. Quizá una tendencia pequeña pero importante para el país consiste en la disminución de la participación del D.F. en la generación de toda la riqueza nacional que pasó del 27.56% en 1970 al 24.06% en 1993. El D.F. era también la región que recibía el mayor volumen de inversiones. Entre 1994-1997 concentró el 60% del total de lo invertido en el país. Si al D.F, agregamos a otras 8 entidades en el norte, más el Estado de México y Jalisco, encontraremos que durante este periodo la inversión extranjera representó el 95.1% del total del país. Sin embargo, también existen tendencias de cambios significativos en la dirección de la inversión. Por ejemplo, el Estado de Nuevo León empieza a ser una región de captación de gran inversión extranjera ligada al incremento de su complejo manufacturero y en especial a inversiones en el sector de autopartes. Lo mismo acontece para el estado de Jalisco en el área de la electrónica, así como Aguascalientes o Puebla por la transformación de estas zonas en nichos de producción globalizada. En general la región fronteriza concentró, en el lapso de 1994 a 1997, el 30% de la inversión extranjera, con lo que prácticamente en el entorno de crisis financiera que ha vivido el país en los últimos 20 años, y la importancia de la inversión foránea, las otras regiones tienen poco capital para activar su desarrollo, lo que hace más desigual el desarrollo regional.

En cuanto a la capacidad financiera del país hemos asistido a cambios importantes en relación a las fuentes de capital a las que tenían acceso las diversas regiones del país. Entre 1950 y 1980 el financiamiento neto regional fue positivo para las regiones Norte y el Valle de México, mientras que fue negativo para todas las demás, lo que demuestra que los ahorros de las regiones menos desarrolladas no regresaban a ellas en términos de créditos, sino que se destinaban a las regiones más desarrolladas en las cuales era más seguro y confiable el financiamiento, y más probable el desarrollo económico. Así el Valle de México, Noroeste y Norte captaron poco más del 68% del total de recursos depositados en el sistema bancario, y recibieron cerca del 80% del financiamiento otorgado durante esas tres décadas.

Con la nacionalización bancaria y su privatización posterior, asistimos nuevamente a cambios importantes. No sólo las transferencias financieras continuaron sino que la propiedad misma de muchos bancos pasó a manos de empresarios regionales, especialmente del Valle de México, Nuevo León y otros estados. Consecuentemente, créditos y facilidades para aumentar la inversión regional en las zonas desarrolladas del país continuó siendo una práctica del modelo económico. Por eso también, la crisis bancaria y financiera que se inició desde fines de 1994 y las políticas de rescate implementadas van a tener como resultado nuevas transferencias de todo el país hacia la banca nacional. Obviamente, México vivirá un nuevo periodo de restricción de capital e inversión a nivel general, aunque este problema será más agudo en las zonas atrasadas y pobres del país en beneficio de las regiones más industrializadas.

Todo lo anterior nos lleva a los resultados esperados. Las regiones atrasadas, especialmente en el centro y sur del país, son las más pobres, las más desnutridas, con los índices más altos de natalidad, más baja escolaridad, etc. Tienen las empresas menos competitivas, mano de obra menos calificada, niveles tecnológicos más tradicionales y mercados más restringidos. La economía de México es por tanto menos nacional, si entendemos por ello niveles de integración de unas regiones a otras y el reforzamiento de sectores, más desigual su crecimiento que en previos periodos, aunque las regiones pobres siguen siendo importante reserva de mano de obra barata que siguen abasteciendo no sólo al mercado laboral de los Estados Unidos sino también a las zonas industriales del país. De acuerdo con Robert D. Kaplan tenemos ahora una división de nuestro país en una región llamada Mex-américa en el norte, D.F. como una Ciudad-Estado, y el Sur como Mex-centroamérica.


POBREZA

Una verdadera limitación que ha permanecido como invariable en los modelos de desarrollo del país, desde por lo menos la década de los 50s ha sido la población que se ha mantenido en los niveles de pobreza. Así, desde el estudio clásico de Roger D. Hansen se advertía que el milagro mexicano de la posguerra tenía enormes limitaciones, especialmente por que sus mecanismos de distribución eran de los más injustos en AL, México crecía, pero lo hacía con los niveles de mayor desigualdad social. Sus gastos en educación, salud eran de los más bajos en nuestro continente.

Según algunas estimaciones en 1963 el 77.5% de la población mexicana se encontraba dentro de la clasificación de "pobres" (ver gráfica 13). En 1996, es decir más de treinta años después, la proporción de pobres era de 78%, esto es que para la mayoría de los mexicanos, los cambios económicos y los modelos adoptados para sacar al país del atraso, prácticamente no habían tenido ningún efecto sobre sus niveles de bienestar. Durante los años setenta y principios de los ochenta el porcentaje de pobres alcanzó la cifra mínima de 48.5% de los hogares mexicanos en 1981. Sin embargo, como producto de las primeras crisis de la década de los ochenta, la proporción de pobres empezó a aumentar. Desde el sexenio de LEA hasta el de CSG la cantidad de pobres aumentó el 15.8 %. La nueva crisis de 1994 hizo que el problema de la pobreza aumentara de nueva cuenta, pues casi 10.6 millones de mexicanos se sumaron a la categoría de pobres en un lapso de dos años, ya que en 1994 habían 61.7 millones de pobres y para 1996, se registraban aproximadamente 72.2 millones. La población creció en ese periodo en 3.2 millones de personas que se incorporaron al pastel demográfico del país, pero los pobres aumentaron en más de tres veces que lo que lo hizo la población. Sin embargo como lo ha señalado Julio Boltvinik, lo peor de todo es que los pobres extremos que eran 36.2 millones en 1994 aumentaron hasta 50.9 millones en 1996, es decir un aumento de 14.7 millones extremos en dos años. A esta tasa sostenida de incremento de pobres y pobres extremos, en México no ser pobre en los próximos diez años, sin alteración del modelo social y económico del país, será un verdadero privilegio de una proporción ínfima de mexicanos, y que impedirá cualquier intento de desarrollo en el corto plazo. Se trata de una verdadera deflación social con enormes impactos para los mercados regionales, aumento de la economía informal depauperada (producción de bienes y servicios con escaso valor agregado, ventas de artículos de segunda mano, entre otros) disminución de la inversión, mayor efecto sobre la formación de recursos humanos, pues cuesta más volver a incidir sobre los niveles educativos una vez que estos se han ido a la baja, que mantenerlos e incrementarlos, lo mismo para la salud, etc. Los efectos de la pobreza serán devastadores para el crecimiento de México, especialmente en las zonas en las que sus condiciones eran desde antes desfavorables.


POTENCIALIDADES

Después de la lectura de todo lo que hemos anotado se podrá pensar que en realidad la economía del país no tiene grandes potencialidades, pero pensamos que es todo lo contrario. A continuación vamos a ofrecer un panorama de lo que serían estas potencialidades o donde se encuentran.

  1. Tenemos un patrón de ciclos de crisis recurrentes del país, pero tenemos igualmente un ciclo de recuperaciones, que desgraciadamente no logran estabilizarse. Es posible que se pueda argumentar que dichas recuperaciones sólo significan los rebotes que suceden a dichas crisis. Sin embargo, los periodos de crecimiento de la economía subrayan potencialidades inherentes que se generalizan con cierto dinamismo por todos los espacios productivos. El problema está en que dicha expansión es frenada por los componentes financieros que se debilitan cuando la cuenta corriente entra en fase de aumento de su déficit, por incremento de las importaciones y las transferencias financieras que terminan por secar los recursos para sostener el crecimiento. Por lo tanto la potencialidad de crecimiento está presente, lo que ha faltado es conectar la apertura de la economía con una estrategia de producción interna, que en el pasado se llamó programa de sustitución de importaciones y que minimice el impacto financiero y haga expansivo y sostenido el ciclo de recuperación económica. En China por ejemplo se han instalado bolsas de desarrollo tecnológico, precisamente para servir de enlace entre las necesidades generadas por el inversionista extranjero o nacional y el aparato productivo local, en el que intervienen también los centros educativos del país. México tendría que diseñar una política flexible de industrialización regional ligada a las necesidades que la apertura ha generado sobre la demanda de productos importados, a fin de sostener desde la base y hacer más elástica y duradera la recuperación económica.
  2. México no puede pagar una deuda cuantiosa o mantener una política de altas retribuciones a la inversión en portafolio y desarrollarse a la vez, a menos de que aumente dramáticamente el ingreso de divisas por exportaciones. En realidad, las diferentes negociaciones sobre la deuda que se han gestado en el país desde febrero de 1983 debieron complementarse con negociaciones sobre el aumento de la producción y en especial de las exportaciones. Se ha visto que las exportaciones de México crecen mucho en el ciclo inicial de la recuperación, por las ventajas del precio derivada de la devaluación del peso, pero tienden a languidecer cuando pierden esta ventaja. Las exportaciones mexicanas deben mejorar su calidad y su cambio tecnológico, a efecto de romper la atadura del precio competitivo e ir a la calidad competitiva. Además y muy importante es el desparramar el efecto exportador hacia la pequeña y mediana empresa que participa muy poco, frente a otras economías en donde más del 50% de las exportaciones son producidas por dichas empresas. La otra cara de la moneda es que a las recuperaciones económicas obedece un incremento en el aumento de las importaciones. El país no puede entonces saldar sus compromisos financieros y mantener el peso que significa un coeficiente alto de importaciones. Por eso en gran medida después de un ciclo breve de recuperación entramos casi inmediatamente en una crisis de balanza de pagos y de nueva cuenta a una caída en el crecimiento de la economía. Como conclusión una estrategia de sustitución de importaciones dentro de la apertura de la economía mexicana no solamente es viable sino deberemos convertirla en uno de los pivotes de desarrollo regional del país.
  3. El desarrollo regional en las zonas atrasadas es otra de las potencialidades de la economía del país. Cuando uno se pregunta de dónde provendrán las ventas que deberán realizar miles y miles de empresas mexicanas, y aunque demos por sentado la participación del mercado exterior como un pivote importante de desarrollo, son los cientos de mercados locales y regionales en donde se encuentra la demanda potencial de la economía mexicana en el futuro más cercano. No se trata ahora de mercados grandes y por eso en gran parte el desinterés del capital extranjero y nacional en ellos, pero una política de desarrollo de mercados en las zonas atrasadas será sin duda una póliza de seguro frente a las incertidumbres de la economía internacional. Además una ventaja adicional, es que a pesar de sus enormes retrasos en infraestructura, recursos humanos, etc, requerirían en realidad al principio de dosis relativamente pequeñas de capital y tecnología para insertarlas dentro de ciertos patrones de expansión económica.
  4. El desarrollo de la economía informal en los últimos años se ha revelado como un mal del desarrollo del país (representa en la actualidad el 30% del total de la economía del país). La otra cara del problema está representado por el enorme potencial emprendedor que han tenido que asumir miles y miles de personas que perdieron su empleo o que tuvieron que cerrar su negocio formal y trasladarlo a la economía informal o abrir otro completamente nuevo en dicho sector. Se trata de una población muy grande que no sólo ha asumido una posición defensiva frente a las oleadas de la crisis de la economía mexicana, sino que representaría uno de los más poderosos segmentos de desarrollo hacia su reconversión a la economía formal y su impacto en la generación de empleos, en la demanda de productos y servicios y también como proveedora de recursos fiscales. Se requeriría por lo tanto, de apoyar su potencial y su reconversión como propulsora de cambios de gran envergadura para la formación de nuevos pequeños y medianos empresarios que requería el país en el próximo siglo.
  5. Mejorar la calificación de la mano de obra en el sector maquilador será de suma importancia, pues como hemos visto en estos últimos años el trabajo barato y la poca calificación promueven patrones regresivos en algunos sectores industriales y en la maquiladora en especial. Por eso se requerirá de un mejoramiento de esta mano de obra para capturar la inversión de sectores con mayor desarrollo tecnológico.
  6. Implementar el desarrollo de nuevas áreas industriales, de las llamadas del siglo XXI. México podría implementar el patrón de la economía cubana asumido por ésta en el período de crisis a principios de los noventa, es decir de aumentar su participación en proyectos de alta tecnología como serían los del campo médico, genética, biotecnología, agregándole otros como el de la informática y la ecología, que representarán mercados muy grandes en el próximo siglo. Aunque suene utópico el país deberá empezar a canalizar recursos para contar con una planta industrial de sectores que florecerán en los próximos cincuenta años en el mundo, a efecto de no quedar rezagado en la competencia mundial.

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