La Crisis de Asia

Por Víctor López Villafañe

 

La actual crisis de Asia, iniciada en el verano de 1997 nos muestra los grandes cambios que esta sufriendo el entorno mundial, prácticamente a una década del fin de la Guerra Fría y a sólo un par de años para dar principio a un nuevo siglo.

En primer lugar, muestra las grandes contradicciones que existen en el sistema económico mundial, pues esta crisis está caracterizada por la utilización en exceso de capital que se acumuló en inversiones ociosas, mal calculadas y que recuerdan en muchos de los casos el auge de préstamos para la América Latina en la década de los años 70 por la banca mundial. Por otro lado, en muchas regiones del mundo precisamente la escasez de recursos es el factor que limita el crecimiento y desarrollo de las economías nacionales.

Así, la crisis asiática muestra las miserias de un sistema mundial que distribuye cada vez más desigualmente los recursos generados a escala global. Representa asimismo el dominio del sector financiero por encima de las estructuras industriales. La crisis de Asia refleja también la lucha por la hegemonía de los modelos de economía de mercado establecidos desde la posguerra y en el que la participación estatal era, por lo general y en los casos más sobresalientes, un determinante esencial en Asia para el desarrollo sostenido, el cambio estructural y el éxito de los bienes exportables en los mercados mundiales. Es concomitantemente una crisis de las relaciones entre Asia y los Estados Unidos, quienes habían protegido a la región del comunismo y fortalecido su crecimiento a través de la ayuda directa y la apertura de su mercado para las exportaciones provenientes de sus nacientes sectores manufactureros.

 

Las economías de mercado en Asia

La estructuración de mercados, tanto de trabajo como de capital, y el nacimiento de industrias modernas están ligados en Asia con el fin de la transición de la época colonial que en muchos casos se extendió hasta principios de la década de los años 60 y con la instauración de grupos políticos que favorecieron casi por lo general a los sectores exportadores luego de un breve periodo de tiempo de aplicar programas de sustitución de importaciones.

Los dos casos que merecen una reflexión aparte son el de Japón y China, que sin lugar a dudas han gravitado sobre la dinámica de los cambios ocurridos en la región desde por lo menos los últimos cincuenta años. En el caso de China como se sabe no fueron los nacionalistas, sino los comunistas los que se alzaron con el poder, lo que implicó un gigantesco reflujo de recursos hacia sus zonas periféricas y que aplicaron una política de autosuficiencia económica hasta el último tercio de la década de los años 70, lo que permitiría que muchas industrias nuevas en la región pudieran tener el tiempo suficiente para madurar, crear capacidades tecnológicas y crear sus ligas con el mercado mundial. El otro caso que es el de Japón, presenta diferencias muy importantes con el resto, pues se trata de un país que tiene una transformación de más de cien años y cuya fortaleza ha radicado no sólo en el éxito de industrias exportadoras, sino en el desarrollo tecnológico endógeno y la creación de capacidades administrativas y sociales con las que pudo soportar el peso del desarrollo especialmente desde 1950 en adelante.(1) En realidad, el desarrollo de Asia se ha referido principalmente al Este de Asia, o sea Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Es decir, viejas colonias de Japón las primeras dos y las otras, zonas periféricas de China o pobladas mayoritariamente por chinos como Singapur.

Ahora bien, todo este desarrollo masivo y creciente de Asia, pero especialmente en Japón y los llamados dragones tuvo como telón de fondo el paraguas protector que la política de contención del comunismo les concedió los Estados Unidos. El proteccionismo de sus mercados era en realidad una extensión del proteccionismo militar y estratégico que les brindaría este país en la defensa de lo que consideraban eran sus intereses globales. La posibilidad de desarrollar y hacer madurar muchas nuevas industrias contó con este patrocinio americano. La ayuda económica no fue menos importante, hay que recordar que Corea del Sur y Taiwán fueron de los países que mayor ayuda recibieron por parte de los Estados Unidos. Igualmente fueron importantes las conexiones comerciales que les brindó. A Japón por ejemplo, le facilitó terceros mercados como parte de la política comercial de posguerra, y le ayudó a restablecer los contactos comerciales con los países del sudeste asiático, desplazando a la libra esterlina definitivamente de esa región. Los préstamos obtenidos por muchos de estos países fueron otorgados en condiciones y tasa preferenciales, a diferencia de otras regiones del mundo.(2)

Además, como lo ha señalado Peter Evans, la región no tenía una presencia de las multinacionales como en América Latina, por lo menos al inició del crecimiento lo que pareció tener efectos positivos por el sesgo redistributivo que tuvo dicho desarrollo. La supresión de desigualdades crecientes fue no sólo un atenuante de inestabilidades de todos modos presentes por el costo que el modelo estatal autoritario de este corte tuvo, sino que permitiría la creación de un mercado interno prácticamente ausente al principio de su implantación. También la reforma agraria llevada a cabo en estos países liquidó los vestigios feudales que podían frenar un proyecto de modernización económica que tendría como sustento sectores exportadores manufactureros.(3)

También otros factores heredados, como el bajo gasto social y salarios bajos, se enlazaron con nuevas políticas fuertemente dirigidas a aumentar la productividad de la mano de obra, especialmente en estos nuevos sectores manufactureros y exportadores. Fueron países en los que predominó un corporativismo solamente restringido a estrechar las relaciones entre el gobierno y el sector privado y en los que la clase trabajadora prácticamente fue manejada de acuerdo a las necesidades del capital y su flexibilidad uno de los fundamentos del éxito de la industrialización orientada a la exportación.

Japón fue nuevamente el modelo a seguir. Reinstaló el viejo sistema del llamado empleo vitalicio, que aunque aplicado preferentemente en las grandes empresas, tuvo un efecto enorme sobre la estabilidad laboral y el aumento de la productividad. Este sistema descansó sobre la atomización laboral proveniente del sistema subcontratista japonés que permitiría mantener salarios decrecientes en la escala de la producción de la unidades grandes a las pequeñas y con ello abaratar los costos, que fue una de las fuentes del dinamismo de las industrias exportadoras. Hemos sostenido que Japón utilizó en realidad un sistema maquilador dentro de Japón y que expresiones como el toyotismo fueron la encarnación de estas prácticas para crecer rápidamente bajo el aumento incesante de la productividad y la reducción de costos. Como se sabe esta ha sido una de las tecnologías que Japón ha exportado al mundo. Los dragones no emularon todo el paquete, simplemente mantuvieron los salarios bajos, crearon un marco autoritario de estabilidad laboral y obtuvieron grandes recompensas hasta por lo menos la mitad de la década de los 80 en que sus monedas se empezaron a ganar valor frente al dólar y sus costos se incrementaron, además tuvieron que empezar a enfrentar la competencia que les creaba la aparición de nuevas zonas de mano de obra barata especialmente en las costas de China.

Pero la operación de estas economías de mercado realmente alcanzaría su clímax con el establecimiento de mecanismos oligopólicos de poder industrial a través de la configuración de grandes conglomerados que no sólo podían concentrar el poder económico al interior, sino que dada su escala se convirtieron en competidores internacionales. Lo anterior fue especialmente espectacular en el caso japonés por conducto de lo que se conoce como el sistema Keiretsu de corporativos que actuaban en realidad como entidades fusionadas. Los Chaebol de Corea del Sur y las corporaciones estatales de Taiwán replicaron en el Este de Asia dicho fenómeno. Esto también marcó una diferencia con América Latina en donde los grupos nacionales privados o estatales enfrentaron la competencia extranjera dentro de sus mercados, especialmente en las áreas más rentables y tecnológicamente más desarrolladas.

El proteccionismo practicado en Asia fue deliberado, aunque también influyó la ausencia de interés de competidores extranjeros por las limitaciones de sus mercados internos. De esta manera se fortalecieron los mecanismos de operación oligopólica, por ejemplo, la bolsa de valores de Tokio era más bien la bolsa de los Keiretsu japoneses quienes detentaban la mayoría de las acciones y se protegían así de la participación extranjera. Además, un elemento clave fue la relación directa entre los bancos y estos grupos oligopólicos, quienes eran financiados a través de políticas muy favorables determinadas, a su vez, por programas industriales estratégicos generados en órganos de planeación gubernamentales. Precisamente este es uno de los temas cruciales en la crisis actual de Asia, es decir, el desmantelamiento de esta estructura interna de planeación y estructuración política de los agentes económicos y la participación del capital extranjero en el sector financiero de las economías de Asia. Ahora bien, no deja de ser interesante anotar el hecho de que a esta concentración de poder económico no correspondió una burocratización o cancelación del cambio estructural. Por el contrario, no sólo había cooperación inter e intra-empresarial, sino también competencia para obtener los mayores rendimientos y ello fue, entre otras cosas, el resorte de años de crecimiento alto y sostenido.

Todas las reflexiones anteriores nos llevan al centro del debate en la forma de operación de estas economías de mercado. Es decir no fue la fuerza invisible del mercado la que sacó a estos países del atraso industrial. Fueron varios componentes externos e internos muy precisos que en conjunto crearon el invernadero para que floreciera el crecimiento económico.

Desde el punto de vista interno se trató de la fuerza visible y tangible del Estado y sus directrices pensadas por órganos de la burocracia económica que fueron convertidas en políticas industriales las que dotaron a todo el mecanismo de una racionalidad de principio a fin y en el que todos los actores desempeñaban su papel dentro del orden jerárquico establecido. Lo anterior fue muy evidente en Japón, Corea del Sur, Taiwán , Hong Kong y Singapur. Por eso se ha señalado y con razón que el Estado en Asia fue un promotor del desarrollo, lo que desde principios de los años ochenta la teoría económica ha cancelado ya como un atributo para tener éxito económico y por lo tanto el ejemplo de Asia empezó a aparecer como una anomalía dentro del nuevo cuerpo de ideas del llamado neoliberalismo. Estos Estados gozaron de autonomía y albergaron grupos políticos que detentaban el poder como tecnocracias industriales y exportadoras y, a diferencia de América Latina, no han sido suplantados por nuevas dirigencias cuyas políticas sean de corte financiero y de desregulación acelerada de sus mercados locales (esto está cambiando, por ejemplo en Korea con Kim uno de los tecnócratas que están tomando el poder como en nuestro continente).(4) Para muchos economistas, especialmente en los Estados Unidos, lo que realmente está en juego en la crisis de Japón y el Este de Asia es la muerte de lo que se puede llamar el capitalismo dirigido por el Estado.(5)

En fin, existe ya una enorme literatura sobre el desarrollo de Asia y los diferentes modelos y rasgos comunes entre ellos, algunos de los cuales he reseñado rápidamente. Lo que importa señalar es que la crisis actual de Asia no es solamente de naturaleza financiera, incluso podríamos decir que no es principalmente financiera, se trata de revocar los mecanismos de dirección estatal y proteccionismo antaño funcionales dentro de las estrategias globales de los Estados Unidos y que hoy ya no responden a la nueva lógica de acumulación y conformación del poderío financiero a escala global. La región asiática pasa por un momento de inflexión muy importante, en el que se exige el pago de la factura de los viejos tiempos y en el que su autonomía, dirección estatal y el apuntalamiento de su sector privado son expuestos a la gran confrontación por la hegemonía económica del próximo siglo.

 

El contexto histórico y coyuntural de la crisis

Se puede hablar de las causas de largo plazo en la gestación de la crisis financiera de Asia y las causas coyunturales que la dispararon en el verano de 1997. De acuerdo a las primeras se trataría del fin de un ciclo corto de crecimiento muy veloz y sostenido en el sudeste asiático como efecto de inversiones provenientes de Japón y los dragones en la década de los ochenta, en la búsqueda de zonas baratas de producción para enfrentar el encarecimiento de sus costos. Esta región se convirtió en una zona de exportación muy ligada a capitales y empresas de las regiones desarrolladas de Asia, de tal modo que se empezó a hablar de un estiramiento del famoso esquema de los gansos voladores y de que bajo este proceso germinaría la semilla de una generación de nuevos dragones o tigres de Asia.

La cúspide de este ambiente fue quizá ejemplificado por el plan de Malasia de principios del año de 1991, "Visión 2020", por el que ese país se transformaría en un país desarrollado del primer mundo. Dicho plan recuerda al plan de México de 1980, por el que la palanca petrolera de crecientes excedentes lo transformaría para el año 2000 en una potencia industrial. Como sabemos a los pocos años el precio del petróleo cayó y México se insertaría en un ciclo de crisis financieras periódicas hasta el presente. Malasia y los otros países del sudeste, igualmente parecen insertarse ya no en la comodidad de la estabilidad económica de la década anterior, sino en las aguas de la globalización de capitales que los ha alcanzado y en la búsqueda de nuevas áreas rentables para la inversión financiera mundial que domina los circuitos del mercado de capitales mundiales. Se trata de un pago a la membresía de estos países por los años de disfrute del acceso a capitales y a la inversión eminentemente productiva.(6)

En el caso de Corea del Sur, el crecimiento ha sido de mayor plazo y en realidad se han atestiguado por lo menos dos cambios estructurales que han ocurrido desde mediados de los años 60, el primero, y en la mitad de la década de los 80 el segundo, y que correspondieron a las respuestas que tuvieron que dar frente a los cambios del entorno mundial para atrapar nuevos nichos de mercado existentes y que el cambio de Japón y otras economías avanzadas iban dejando al proseguir ellas mismas su propia evolución hacia industrias de mayor tecnología, que se hizo más evidente después de la crisis petrolera de 1973. Debemos recordar que Corea del Sur requirió de fuertes préstamos externos en la primera etapa de su reestructuración industrial y pasó a ser junto con México, Brasil y Argentina de los países más endeudados.

La diferencia de Corea del Sur con estos países latinoamericanos es que éste redujo dicha deuda externa fuertemente con los excedentes comerciales obtenidos por el éxito de sus industrias exportadoras en los mercados mundiales desde la segunda mitad de la década de los ochenta, mientras que los países latinoamericanos han continuado arrastrando el peso de la vieja deuda. El problema estructural de Corea reside en el hecho de que sus industrias exportadoras están atrapadas ahora bajo la presión de los competidores poderosos en las ramas de alta tecnología como Japón mismo y los Estados Unidos y no puede regresar a las manufacturas ligeras por ser ya incosteables frente a la presencia de otros competidores como los del sudeste o China. También por la presión enorme que han ejercido los Estados Unidos desde principios de esta década para que Corea libere su comercio al retirarle gradualmente los viejos apoyos y protecciones.

 Todo este nuevo entorno, desde mi punto de vista ha operado como una enorme roca que presiona a la industria Coreana, especialmente a los Chaebol y es quizá por ello que estos tomaron la decisión de lanzar megaproyectos internos y también de internacionalizar su producción y sus ventas en mercados emergentes como algunos de América Latina .En México han realizado enormes inversiones en la frontera con los Estados Unidos, también en Europa del Este y otras regiones menos competidas por las grandes empresas multinacionales. Pero esta reconversión dinámica, casi sobre el tiempo encima y la política de internacionalización ha conllevado la utilización de enormes sumas de recursos financieros. Por eso quizá Corea haya transitado en lo que se puede llamar una segunda ronda de endeudamiento, ahora ya no público, sino privado que respondía a la lógica antes reseñada. La deuda estimada de corto plazo, pagadera en dos años, se estimaba en 160 mil millones de dólares. Además y como colofón, su economía quedo atrapada en un descenso de las exportaciones y caída de la demanda de algunos bienes como la de los semiconductores en los mercados mundiales.

 El prof. Byung Nak Song ha llamado la atención sobre la asimetría existente entre el enorme tamaño de los Chaebol y el sector financiero subdesarrollado y pequeño de Corea frente a las necesidades crecientes de estos grupos como Daewoo, Hyundai o Samsung. Así estos grandes grupos tienen que descansar en los mercados de Nueva York, Londres o Tokio y el problema pues consiste en el desequilibrio existente entre el sector financiero y el actual sector privado de Corea.(7) Este problema en realidad también nos indica que en Corea, la crisis financiera será como en otras partes del mundo, un proceso de eliminación de los competidores más pequeños. Los grandes Chaebol, como los mencionados tienen una gran capacidad industrial, ventas y tecnología, figuran ya dentro de las corporaciones más grandes del mundo, así el problema financiero aunque duro podrá ser enfrentado con mayor desenvoltura. En cambio los medianos y pequeños, veinte de los cuales tienen una deuda combinada de 55 mil millones de dólares y que el año pasado reportaron pérdidas, enfrentarán un panorama diferente pues la carga financiera los obligará a buscar alternativas de financiamiento (asociaciones, fusiones, alianzas estratégicas) a nivel nacional e internacional.

Así las empresas coreanas van a entrar en un proceso de diferenciación, en el que la lucha económica será más difícil para las medianas y pequeñas. Se provocarán fusiones y compras a nivel de grupos privados coreanos en el que los de mayor tamaño tendrán una posición más ventajosa. Además, y gracias al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la apertura para la participación extranjera será de ahora en adelante un hecho probablemente incontrovertible. En cierto sentido parte de la economía coreana se latinoamericanizará, esto es, que tendrá que adoptar un proceso parecido al que se vio obligado este continente a asumir como parte de la deuda y de los acuerdos firmados con ese organismo financiero en la década de los años ochenta.

Para otras economías como la japonesa la crisis actual en realidad no tiene ningún antecedente en por lo menos la historia cercana de la posguerra. Esta crisis es como el congelamiento sucinto de una espiral de alto crecimiento de más de treinta años, en los que pudo sortear con éxito los cambios mundiales. Es una crisis que se autogenera y que no proviene del exterior como, por ejemplo, la petrolera de los años 70.(8) Es más, se trata de una crisis que se origina en Japón y afecta a Asia y a la economía mundial, como si cierta centralidad de la economía capitalista mundial estuviera transitando hacia estos nuevos polos de poder. Así, en cierto sentido, la crisis financiera es un reconocimiento del peso mundial de Japón y de las economías asiáticas como nuevos centros del poder mundial. La crisis financiera de Japón es más el producto de una riqueza acumulada inutilizada (en forma de préstamos fáciles, no rentables, corrupción, etc.) del país más rico financieramente; pero, que no cuenta con la hegemonía política mundial. Esto explica porque Japón recicló sus excedentes dentro de su propia economía haciendo una sobreinversión que acumuló una montaña de deudas impagables, cuando pudo haber reciclado este excedente para las regiones pobres y en desarrollo del mundo, es aquí donde se halla una de las miserias del actual sistema mundial.

Economías como la japonesa, cuya enfermedad y crisis se deriva de un exceso de riqueza ociosa, no pueden producir más por el agotamiento de la demanda; pero, se consume riqueza financiera que indigesta a los balances contables, pues se acumulan pasivos que en realidad no tienen un fin. La historia empezó con el alza descomunal de los precios de bienes raíces (hubo una época en el que toda la tierra de Japón tenía un valor de cuatro veces superior al de la de Estados Unidos) y ha terminado hasta ahora con la quiebra de grandes compañías financieras y bancos, en una espiral de desvalorización que parece no tener límite. Además el sistema construido en Japón, uno de relaciones estrechas entre los grandes capitales, los bancos y el sistema político conservador, atizó dicha crisis, pues quizá una política de créditos a las regiones menos desarrolladas, a la mejora de la vivienda, a la pequeña y mediana empresa etc., o para mejorar el bienestar de su población, hubiera hecho menos severa dicha crisis.

De esta manera, Japón, que había tenido un papel central en las reestructuraciones productivas de las décadas anteriores de los países de reciente industrialización en Asia dando lugar al famoso esquema de los gansos voladores, indujo ahora a estos a adoptar una política de créditos fáciles y abundantes de corto plazo que provocaron un calentamiento de sus economías y la especulación en los bienes raíces y la planeación de proyectos de infraestructura muy ambiciosos. También la banca e instituciones crediticias de otras regiones del mundo participaron en esta aventura atraídos por la propaganda que la fiebre del crecimiento espectacular de la región estaba siendo difundida por todas partes y por el cambio de flujos de capital que la crisis de México implicó desde fines del año de 1994. Da la impresión, por la magnitud de una vasta cantidad de proyectos: obras portuarias, aeropuertos, caminos e instalaciones en general, e inversión para apuntalar el cambio industrial, que las zonas atrasadas del sudeste de Asia estaban tratando de aprovechar al máximo una oportunidad financiera que esperaban se podría sostener indefinidamente sin calcular que habría un momento en el que la coyuntura podría cambiar de signo, como ocurrió desde el verano de 1997. También se otorgaron créditos para edificios de oficinas, y construcciones suntuosas no necesarias o en industrias exportadoras que pronto generaron sobrecapacidad i.e. computadoras y automóviles.

De acuerdo a estadísticas bancarias japonesas indican que estos tienen créditos en la región del sudeste asiático por un valor de 130 mil millones de dólares, 70% del cual por cierto fue a parar a manos de subsidiarias japonesas para proyectos de ampliación productiva. Tailandia recibió 37 700 millones, Corea del Sur 23 300, Indonesia, 23 200, China 18 700, y Malasia 10 500. Además, por ejemplo, en el caso de Corea del Sur mucho del capital prestado (100 mil millones de dólares hasta 1996) provino de capitales de bancos japoneses vía los mercados "off-shore" de Singapur y Hong Kong. De este modo, en realidad, la mitad de los préstamos de Corea del Sur tienen como origen una fuente financiera japonesa . Para junio de 1997, la banca japonesa tenía créditos en estos países (excluyendo a China) por un valor de más de 95 mil millones de dólares, tres veces más que la banca alemana que es el segundo acreedor en importancia. Estos datos son importantes, entre otras cosas, porque uno se pregunta ¿porqué no fue la banca japonesa quien rescató a estas economías ofreciendo algún plan de reestructuración como el de Estados Unidos a México con la crisis de 1994-95 ?(9)

Este punto es muy importante pues nos lleva a una serie de preguntas en cuyas respuestas quizá resida la comprensión de la crisis financiera de Asia y los intereses que existen detrás de ella. Después que la crisis tomó fuerza se escucharon voces dentro de Asia para formar un Fondo Monetario Asiático, o su equivalente, integrado por una cantidad de 100 mil millones de dólares, que sería finalmente el equivalente al rescate de Corea del Sur, Indonesia y Tailandia con el aval del FMI. Esta iniciativa fue descartada en la reunión de noviembre de 1997, efectuada en Manila, por los ministros de finanzas de los países de APEC (Asia Pacific Economic Cooperation) antes de iniciarse la reunión cumbre de esa organización en Vancouver, Canadá. Como resultado de lo anterior, el FMI pasaría a ser el único organismo que participaría en la ayuda financiera de estos países. Japón debía tener mayor interés para buscar el arreglo, no sólo por las deudas adquiridas con sus bancos, sino por la importancia que la economía regional de Asia juega dentro de su propio desarrollo (40% de sus exportaciones). Japón tenía la capacidad financiera para hacerlo, así lo demuestra, por ejemplo, el propio programa de estímulo que ha lanzado en abril de 1998 consistente en 126 mil millones de dólares. Entonces, la pregunta es si hubo un acuerdo previo entre Japón y Estados Unidos para que fuera el FMI quien tomara el control de la situación.

En este sentido podríamos hablar de una política de cohabitación financiera entre estos dos países para fortalecer el dólar y realizar una desregulación económica profunda dentro de las economías afectadas, meta deseada por los Estados Unidos desde hace años para beneficiar a sus corporaciones industriales y financieras, quienes debido al proteccionismo prevaleciente en Asia no habían tenido las mismas oportunidades de penetrar como, por ejemplo, en México a través del Acuerdo de libre Comercio de Norteamérica. En APEC se han fijado las fechas de 2010 para una apertura total de las economías más avanzadas de la región y el 2020 para las menos desarrolladas. Los Estados Unidos se han opuesto a la visión gradualista de Asia y han presionado para que los tiempos de las aperturas sean más breves. Japón, al aceptar que sea el FMI quien coordine los programas de ajuste, probablemente reduce las propias presiones que recibe de los Estados Unidos para que desregule más rápidamente áreas de conflicto desde hace mucho tiempo (sector financiero, distribución, telecomunicaciones, etc.), también fortalece la alianza con los Estados Unidos que data desde la posguerra para enfrentar conjuntamente los nuevos retos de la Europa Unida y el fortalecimiento acelerado de China en la propia región de Asia. Para el profesor Chalmers Johnson, el fortalecimiento de China como competidor llevó a un acuerdo entre Estados Unidos y Japón en el verano de 1995 para ayudar a la reelección del presidente Clinton, consistente en devaluar el yen para que Japón mantuviera el nivel de exportaciones a ese mercado, con la promesa de que ese país continuaría abasteciendo de capital a los Estados Unidos (con la compra de bonos del tesoro) para mantener las tasas de interés a un nivel políticamente deseable.(10)

A final de cuentas, tenemos una especie de laberinto monetario mundial que nos ayuda a explicar sus contradicciones; pero también muestra lo que realmente se juega detrás de los movimientos económicos financieros actuales. Por una parte, Japón, con quien Asia esta ligada financieramente, sigue inyectando capital a los mercados de dinero de los Estados Unidos y estos se proclaman a través del FMI como el acreedor de último recurso para salir al rescate de dichas economías. China ha venido siendo ya catalogada como la amenaza para los Estados Unidos en el siglo XXI y de ahí la importancia de nueva cuenta de la alianza con Japón.(11)

Las economías del Este de Asia por otra parte han estado enfrentando al aumento incesante de las exportaciones de China. En el año de 1994 este país decidió devaluar el yuan, lo que le permitió reducir los costos de sus exportaciones. En los últimos diez años las exportaciones de China a los Estados Unidos han estado desplazando a las de los otros países de la región. Junto con México, quien goza de un Tratado de Libre Comercio, son las economías que han aumentado más sus exportaciones a ese mercado. Hasta la puesta en marcha del TLC era China quien superaba a México, pero éste después de 1994 aumentó más su comercio a los Estados Unidos. De todos modos, China, en gran medida es el competidor más serio para México en el mercado estadounidense y en general lo será para todas las economías de América Latina en el futuro. Para Tailandia y Malasia, no sólo China pero también Vietnam con su programa de apertura económica está desempeñando un papel de competidor muy serio para la localización de inversiones extranjeras en los sectores en los que ya estas economías tenían mercados importantes, como componentes automotrices y electrónica. El caso de Vietnam es igualmente importante porque a diferencia de otras economías maquiladoras de la región cuenta con una infraestructura de industria mecánica heredada de la guerra contra Estados Unidos. Ya desde 1996 se sentía que Vietnam estaba surgiendo como el competidor de estas economías del sudeste asiático.(12)

Las negociaciones y acuerdos logrados por el FMI con los países de Asia (Corea del Sur, Tailandia e Indonesia) podrían tener diversas consecuencias. La primera tiene que ver con la intervención del FMI para desregular los mercados y hacer, por ejemplo, un cambio dramático en Corea del Sur que tiene que ver con la apertura para que los extranjeros puedan participar dentro del sector privado industrial y financiero. Lo mismo en otras economías de la región como Tailandia, Malasia, Indonesia, etc. Bancos, financieras y empresas que no resisten la crisis están entrando a la vorágine de compras por capitales de multinacionales, más o menos como ha sucedido en otras partes del mundo (especialmente en América Latina y Europa del Este).

En realidad, Asia parece como uno de los últimos bastiones protegidos y cerrados que había que abrir para la penetración de grandes capitales que van a tomar las riendas de sectores dinámicos. Según la nueva lógica, la participación de las empresas occidentales se calcula que podría llegar al 30% de los activos financieros de Japón (actualmente su porcentaje es casi nulo) en los próximos cinco años, una vez que el ahorrador japonés deposite su ahorros en bonos y fondos mutuos que concedan altos rendimientos frente a los tradicionalmente bajos intereses que otorgó por décadas el sistema de ahorros japonés y que fue fuente de las políticas de largo plazo de créditos baratos para sus empresas.

Para occidente, la crisis traerá el ajuste necesario entre la cultura de la ganancia rápida y abundante, lo que técnicamente es definido como el ajuste de los rendimientos sobre el capital que satisfagan los estándares mundiales establecidos por los Estados Unidos. Si estos ajustes entran de lleno en Asia, entre otras cosas, estas economías empezarán a vivir fenómenos como el de la desigualdad creciente entre los diferentes estratos de sus sociedad. Debemos recordar que uno de los fundamentos del alto crecimiento de esta región ha estado asociado con los niveles de igualdad económica y el desarrollo de una clase media y atención al aumento de la productividad de los llamados núcleos rezagados social y productivamente. El fortalecimiento del dólar ha propiciado una mayor penetración de capitales extranjeros por el aumento del poder de compra que esa divisa tiene ahora en esa región. Al devaluarse sus monedas vertiginosamente y al aumentar sus deudas muchas empresas se verán en la necesidad de abrir sus puertas o de plano vender sus acciones o propiedades.

Estamos ante lo que sería la revancha del dólar después del acuerdo Plaza de 1985 y su regreso triunfal a los mercados de Asia con un gran poder de compra en la región y, sobre todo, provocando un dominio monetario frente a lo que se llegó a considerar el reto de yen. En este punto entramos a otro de los grandes temas en la región y que tiene más bien alcances mundiales. Tenemos que recordar que estamos frente a cambios históricos de una gran dimensión por la aparición de la moneda única en Europa a partir de enero de 1999. Este hecho está profundizando lo que podríamos llamar el fenómeno de la regionalización financiera y monetaria a escala mundial. Frente a la aparición del euro, el resto de las monedas fuertes y entre ellas el dólar, el yen y el yuan aparecen como las divisas que se le podrán enfrentar y competir en los mercados de capitales mundiales. Es indudable que las regiones de Asia y América Latina, en ese orden, se van a convertir en el futuro inmediato en las zonas de competencia financiera por la hegemonía, ya no sólo comercial, sino monetaria.

En Asia, el debate sobre la hegemonía del yen tenía un gran respaldo en términos económicos, pues, como lo hemos visto, los créditos en yenes son abundantes y las empresas y el comercio japonés dominan la región desde hace ya largo tiempo. Sin embargo, políticamente el debate sobre la hegemonía del yen nació muerto porque en general los países asiáticos se encontraron siempre renuentes a utilizar el yen como moneda de referencia única en los organismos regionales o en los planteamientos de cooperación a futuro, precisamente por los recuerdos hirientes de la dominación japonesa del pasado. Además, en el caso de Asia cualquier arreglo monetario debe pasar por la aquiescencia de China, quien definitivamente no estaría dispuesta a ceder un sólo ápice de su soberanía en favor de nadie, menos de los japoneses. De todo modos, una vez superada la crisis la pregunta que habrá que hacerse es que pasará en Asia una vez que entre en funciones el euro, cuál será la moneda fuerte o su equivalente. Podemos especular al respecto.

Puede ser una alianza monetaria basada en el dólar-yen, para contrarrestar al euro y el futuro poder del yuan. Esto quiere decir que la actual crisis financiera tendría también como justificación política el fortalecimiento del dólar a través de la concesión de los japoneses de no participar directamente en el rescate de la región. A partir de la gran inestabilidad, y para enfrentar el futuro, los países podrían empezar a dialogar al estilo de Europa y pensar en la planeación de una política monetaria común para Asia. Tenemos ya la discusión en Asia de crear miniregiones monetarias. El primer ministro de Malasia el Dr. Mahathir propuso la utilización de las divisas locales en el sudeste asiático para el comercio y concentrar las divisas extranjeras en un banco común para las transacciones con el exterior.(13) En el Mercosur se ha propuesto una moneda única para los socios de su mercado. Además, la inestabilidad financiera que va continuar por efecto, no sólo de la fragilidad de los controles en el comercio de divisas, sino por la aparición de nuevos fenómenos como las fusiones bancarias y financieras de grandes compañías que van a provocar, quizá, una mayor turbulencia financiera en los países en desarrollo podría llevarles a pensar en unirse a una moneda fuerte para evitar pérdidas cambiarias cuantiosas y lograr la estabilidad financiera, aún a costa de un gran sacrificio social y pérdida de soberanía monetaria.

 

Impacto de la crisis

La crisis de Asia es una crisis global del sistema mundial , tal y como éste se esta concibiendo al final de este siglo. No es un fenómeno fortuito, sino que responde a fuerzas e intereses de alcance mundial. La crisis de México de 1994 y la de Asia de 1997 son parte de un mismo proceso cuya base se encuentra en el, cada vez más decisivo, dominio del capital financiero mundial. La salida de capital de México es coincidente con el sobrecalentamiento financiero de Asia que se acelera en 1995 y 1996. Se trata de una respuesta de los capitales en busca de altas ganancias en la región de Asia una vez que el mercado de capitales mexicano había quedado prácticamente seco después de una espiral de transferencias al exterior, que alcanzaría su clímax al final del año de 1994.

La pregunta ahora será que va a pasar con el circuito de capitales financieros y especulativos que demandan altas ganancias. La competencia por la atracción de capitales será una lucha más encarnizada a nivel mundial y esto provocará automáticamente que aquellas economías, empresas, bancos, etc. que se encuentren en mejores condiciones financieras y dependan menos de la atracción de capital extranjero, podrán atravesar esta crisis y mirar hacia el futuro con un mejor horizonte. Por el contrario, aquellos que requieran, y se encuentran ya, en condiciones de restricciones financieras tendrán que ofrecer un alto pago a la llegada de capitales, lo que se traducirá en lo interno de muchos países en austeridad, baja de salarios, reducción de la demanda, etc., procesos que, por cierto, ha vivido América Latina en las últimas décadas. A la devaluación de las monedas le sigue un debilitamiento de las economías que conjuntamente con las medidas de desregulación impuestas por el FMI, hace que los activos de muchas empresas y bancos puedan ser adquiridas a un mejor costo por compañías extranjeras. El caso de México es también aleccionador. Por ejemplo, en el sector bancario una vez que los bancos fueron privatizados en el año de 1990 la participación extranjera era prácticamente nula, pero ésta ha aumentado vertigionosamente después de la crisis de 1994. En la actualidad los extranjeros ya poseen alrededor de un 20% de los activos bancarios del país y se piensa que pronto, si se aprueba una ley que haría más rápida la desregulación en dicho sector, podría alcanzar el 40% del total. Por lo tanto, una aceleración en el proceso de desregulación en las economías del sudeste de Asia podría ser otra de las consecuencias de la actual crisis, provocando efectos parecidos a las experiencias de otros países.

Otro impacto consistirá en la política de reestructuración de las empresas y sectores industriales en toda la región. Las devaluaciones podrán hacer, de nueva cuenta, atractiva la relocalización de industrias, no sólo de empresas de la región de Asia, sino de otras regiones del mundo. En este sentido, volverán a ser fuertes competidoras de otras regiones atrasadas en base al salario bajo con respecto a la instalación de industrias exportadoras. Para el caso de Corea del Sur, la crisis hará que sus empresas, sobre todo los Chaebol más grandes, realicen no sólo nuevas reajustes internos para volver a ser competitivas en los mercados mundiales, sino que continuarán acelerando sus inversiones en el exterior para realizar mayores ventas y compensar las pérdidas financieras.

El impacto global más importante será la reducción que esta crisis va a provocar en la producción mundial y el comercio. Se piensa que la producción mundial podría reducirse de un punto porcentual hasta 2.2 puntos. En comercio la reducción se piensa que el declive podría ser de medio punto.(14) Los asiáticos se volverán más agresivos en sus, exportaciones especialmente a los mercados mundiales, ya que en ellos buscarán resarcirse de esta crisis. Hay muchas especulaciones de datos al respecto; pero es preferible ver las tendencias desde antes y después de la crisis. Antes de las crisis, y como factor de la misma, tuvo lugar una reducción de las exportaciones del sudeste de Asia a los mercados mundiales, mientras que China venía aumentando las suyas. Es probable que a parir de ahora se inicie una competencia intra-regional entre estas áreas de Asia y por ello una devaluación del yuan es una posibilidad latente.

Un caso que puede ilustrarnos de lo que puede pasar es el de Tailandia. En ese país las empresas automotrices de Japón como Toyota, Nissan, Honda y Mitsubishi están reduciendo su producción, despidiendo trabajadores y reenfocando sus ventas hacia el exterior por la pérdida del mercado interno. La zona más viable para exportar sus excedentes desde este país son los Estados Unidos, pero podrían dirigirse hacia otras latitudes también. Cuando la crisis de México y la caída del mercado interno, Nissan empezó a exportar autos producidos en México hacia los Estados Unidos, Japón y Chile en América Latina. Como podemos apreciar por la experiencia de estos casos, la globalización de empresas permite una reacción mucho más rápida que en el pasado y una pérdida de mercado ya no es necesariamente definitiva, depende de la flexibilidad y enlaces productivos y de distribución de ventas en otros mercados. Por eso la crisis de Asia traerá una agudización no sólo de la competencia comercial a escala mundial, sino introducirá la competencia también dentro de los mercados locales.

A nivel de países y regiones de América Latina, las repercusiones podrán ser diversas. Por ejemplo, México, donde las finanzas del gobierno dependen en un 40% de los ingresos por venta de petróleo, ya ha sido golpeado por una baja dramática en los precios internacionales de este recurso al disminuir la demanda de los asiáticos. Por el lado comercial, seguramente México va a enfrentar una gran competencia de Asia en el mercado de Estados Unidos, aún a pesar del Tratado de Libre Comercio que supuestamente debería darle alguna ventaja extra sobre los asiáticos, cuyas devaluaciones harán sus bienes altamente competitivos en dicho mercado. Además México ha venido mostrando un déficit comercial estructural con la región asiática, que eventualmente podría agravarse por el aumento de exportaciones de esa región. También las empresas mexicanas resentirán la reducción de los precios internacionales de muchas manufacturas, como las del acero, que afectarán sus ventas y las presionarán en sus costos de producción.

En el sur del continente latinoamericano, las economías con mayor vinculación al mercado de Asia son Brasil y Chile. El principal efecto podría ocurrir en la disminución de exportaciones a estos países y un progresivo deterioro de la balanza comercial, como en México. Además, podría haber un retraso en la inversión directa planeada de Asia principalmente en el norte de Brasil. Los efectos en otros países podrían tener lugar simplemente por el aumento de las importaciones baratas de Asia. Otro efecto importante podría provenir del aumento de las tasas de interés, como en Brasil, o en otras de las grandes economías de América Latina, lo que tendría efectos sobre la competencia de capitales y la desviación de recursos hacia fines especulativos y no productivos en la región.(15)

 

Conclusiones

La crisis de Asia es, en su región del sudeste, una crisis causada por la presión de los capitales en busca de nuevas áreas rentables que puedan insertarse en el nuevo mapa de la periferia financiera global. Esta crisis fue alimentada en lo interno con decisiones que crearon sobrecapacidad industrial y sobreinversión que se traduciría en poco tiempo en deudas impagables. Esto fue cierto especialmente en los casos de los países atrasados de la zona como Tailandia, Malasia e Indonesia. En el caso de Japón, la crisis es el resultado del cuello de botella representado por la riqueza financiera y la falta de la correspondiente hegemonía a nivel mundial. Sin una salida internacional de reciclamiento, la economía japonesa seguirá sufriendo del virus financiero indigesto. Para Corea del Sur la crisis se deriva de la enorme presión a la que han estado sometido sus conglomerados industriales en los mercados mundiales. En estos dos últimos casos, pero en general en toda Asia, podemos decir que la crisis actual es también una crisis que pondrá en tensión el modelo de capitalismo basado en la dirección estatal, con políticas industriales y proteccionismo estratégico.

La región de Asia se convirtió en una de las regiones más ricas del mundo en muy poco tiempo debido a factores externos e internos, donde existen enormes recursos financieros y productivos. Por lo tanto estos países se han convertido en mercados altamente apetecibles en el mercado global de capitales formado como consecuencia de las políticas de desregulación financiera sistemáticamente aplicadas en el sistema mundial desde la década de los setenta.

Es, por otro lado, una crisis que se eslabona a la mexicana de 1994. Sus efectos todavía se harán sentir en los próximos meses y años. Surgirán presiones devaluatorias en muchos países y regiones conectadas a la competencia del sudeste de Asia, Corea del Sur y Japón. La posibilidad de una devaluación en China podría desencadenar efectos devastadores en el mercado mundial. Además, si en los Estados Unidos se incrementa el déficit comercial por el aumento de las exportaciones provenientes de Asia, éste buscará pasar la factura a otras regiones y países en los que América Latina tiene un papel primordial. La necesidad de atracción de capital para muchas economías, que ya han sido afectadas en Asia y en otras regiones del mundo, hará que la competencia entre las tasas de interés se convierta en un juego de apuestas para el capital financiero mundial. Obviamente el costo para empresas y ciudadanos de muchos países afectados por esta crisis puede llegar a ser muy alto. Como se ve, esta crisis tiene en sus entrañas múltiples causas y puede desembocar todavía en diferentes resultados como expresión del gigantesco cambio mundial al que asistimos al final de este siglo.

 

Notas Bibliográficas

1. Véase, Kazushi Ohkawa y Henry Rosovsky, JAPANESE ECONOMIC GROWTH, TREND ACCELERATION IN THE TWENTY CENTURY, Stanford, California, Stanford University Press, 1973.

2. Véase, Barbara Stallings, "The Role of Foreign Capital in Economic Development" en Gary Gereffi y Donald L. Wyman (comps), MANUFACTURING MIRACLES. PATHS OF INDUSTRIALIZATION IN LATIN AMERICA AND EAST ASIA. Princeton , N. J., Princeton University Press, 1990

3. Véase Peter Evans, "Clase, Estado y Dependencia en el Este de Asia: Lecciones para los Latinoamericanistas", en Victor López Villafañe (comp), MEXICO EN LA CUENCA DEL PACIFICO, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996.

4. En general podemos decir que las reestructuraciones productivas que se efectuaron en muchos países de Asia fortalecieron en esa región a tecnocracias industriales exportadoras, mientras que en varios de los países de América Latina la deuda y los programas del FMI consolidaron a tecnocracias financieras. Para el caso de México puede consultarse mi trabajo más reciente, GLOBALIZACIÓN Y REGIONALIZACION DESIGUAL, México, Editorial Siglo XXI, 1997, p. 27.

5. Sandra Sugawara, "Japan's Safety Net Restrics Growth", THE WASHINGTON POST, 21 de abril de 1998.

6. Para la reestructuración industrial en el sector automotríz y electrónica en Malasia y Tailandia y en general de la región del sudeste asiático puede consultarse el artículo de Mitchell Bernard y John Ravenhill, "Nuevas jerarquías en el pacífico. La división del trabajo posterior al acuerdo plaza", en Víctor López Villafañe (comp), OP. CIT

7. Entrevista al profesor Byung Nak Song en internet

8. Según Stanley Fischer, director ejecutivo del FMI "una de las cosas interesantes del problema económico de Japón es que no ha producido una verdadera gran crisis", a la que más bien conceptualiza como una enfermedad persistente (lingering malaise). Declaraciones en el artículo de Sandra Sugawara citado.

9. Datos tomados del DAILY YOMIURI, 3 de diciembre de 1997; SOUTH CHINA MORNING POST, 18 de marzo de 1998; EL NORTE (Wall Street Journal Americas), 12 de marzo de 1998 y Risa Maeda (Reuters), "Asian Exposure seen limited problem for japanese banks" en Infoseek: The News Channel, 2 de febrero de 1998.

10. Chalmers Johnson, "Cold War Economics Melt Asia. Events Reinforced The Need for an Asian Model, Not Repudiated It", en THE NATION, 23 de febrero de 1998.

11. Richard Berstein y Ross H. Munro, "China: The Coming Conflict with America", FOREIGN AFFAIRS. Marzo/Abril de 1997. En este artículo los autores plantean la necesidad de que Estados Unidos fortalezca a Japón para sostener una nueva alianza que busque el balance de poder frente al reto de China.

12. En un viaje realizado en el verano de 1996 por Malasia y Tailandia, tanto empresas como funcionarios públicos mencionaban a Vietnam como el competidor más serio de las exportaciones de Asia. Incluso muchas empresas de estos países tenían planes para relocalizar parte de su producción en Vietnam.

13. Mahathir señaló que se podrían utilizar las monedas locales para el comercio entre ellos o bien la posibilidad de usar el dólar de Singapur como moneda intra-regional. Dicho plan fue criticado severamente por su inviabilidad. Lo que queremos destacar es el hecho mismo de la mención a un nuevo problema, el de la moneda o monedas de intercambio para la región que será probablemente desde ahora colocado en la agenda regional como uno de los más importantes para su futuro financiero.

14. Pronóstico del Asian Development Bank, en HONG KONG STANDARD, 24 de abril de 1998.

15. Jorge Di Masi, "Nuevas experiencias en el proceso de integración regional en América latina: El Mercosur". Ponencia presentada en el V Simposium de Relaciones Internacionales, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Monterrey, México, 15-18 de abril de 1998.

 

*Profesor Titular del Departamento de Relaciones Internacionales del ITESM, Campus Monterrey.

 

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