Promesa del Más Allá
La
leyenda data por los años de 1905 o 1906, cuando Monterrey todavía era una
ciudad llena de tradiciones, tranquila y provinciana. En la vieja calle del
Comercio, llamada Morelos desde esos años, había un sitio de carruajes con
animales. Un cochero muy conocido era don Gregorio, también llamado don Goyo.
Él era muy servicial, tanto que hasta se quedaba toda la noche para cubrir el
servicio en caso de alguna emergencia.
Una
noche de mucha lluvia, y cuando el reloj de la Catedral daba las doce campanadas
a la media noche, don Goyo dormía en su coche. Por las condiciones del clima y
lo tarde de la noche, no creyó que alguien fuera a requerir de sus servicios.
En eso se acercó una mujer pidiéndole que la llevara a la iglesia del Roble.
Don Goyo conocía a casi toda la gente de la ciudad, sin embargo no pudo
reconocer a la mujer ni por su voz, ni por sus semblante porque estaba cubierto
por un mantón negro de luto.
Durante
el trayecto, no hablaron ni una palabra. Al llegar la mujer bajó del coche y le
pidió que la dejara ahí. Le informó que durante nueve noches seguidas
necesitaría de sus servicios para llevarla el mismo recorrido a la misma hora y
que al final le pagaría.
Así
fue durante nueve noches, don Goyo la llevaba al templo que todavía tenía
algunos escombros por la cúpula que se había derrumbado en 1905. Pero la última
noche, fría e iluminada por la luna llena, don Goyo dejó a su pasajera en la
iglesia. Él esperaba por su paga cuando la dama le pidió que lo esperara para
llevarla de regreso a su casa. Después de un rato, la dama subió al coche y le
pidió a don Goyo que se dirigiera por
la calle de Arramberri, hacia el poniente. Al extremo poniente de la calle, la
mujer le pidió que se detuviera. Ella bajó del coche y don Goyo esperaba
recibir el adeudo, pero la mujer se dirigió hacia la puerta del cementerio. Un
extraño escalofrió estremeció a don Goyo, cuando ella se detuvo en la reja de
hierro del cementerio y lo volteó a ver. Don Goyo quedó horrorizado al ver que
la dama que había llevado durante nueve noches era una ánima en pena. La luna
iluminó la calavera debajo del mantón mientras se reía de él.
A
la mañana siguiente, los sepultureros vieron un coche en frente del cementerio
y les extrañó. Encontraron a don Goyo desmayado adentro del coche y no pudo
hablar durante mucho tiempo. Después de un largo tiempo pudo explicar lo que
había ocurrido.