La ética de Aristóteles


Fuente: Patiño G., Susana, El profesor como transmisor de valores, Editado por el ITESM Campus Monterrey Centro de Valores Eticos, México, 1994 Pág. 69-71


La filosofía de Aristóteles enfatiza la supremacía de nuestra capacidad racional y con un marco de referencia teleológico para interpretar la moralidad, se hace la pregunta básica: ¿Cuál es el bien que las acciones humanas persiguen? o para decirlo de otra maenra; ¿Qué es lo bueno hacia lo cual se dirige el comportamiento humano?

Aristóteles considera que el bien, o lo bueno para el hombre puede ser descubierto al estudiar su naturaleza esencial y a través de la observación de su comportamiento cotidiano, lo cual contrasta con el idealismo de Platón, que supone un conocimiento del Bien que sólo puede lograrse más allá del mundo tangible.

Al observar las acciones del hombre, resulta fácil coincidir en que éstas persiguen la felicidad como fin. Pero el problema se presenta en cuanto nos enfrentamos con las diversas definiciones de felicidad que son sostenidas por la diversidad de individuos. Para abordar el problema, Aristóteles hace una distinción entre dos tipos de fines:

a) Instrumentales, que son las acciones ejecutadas como medios para lograr otros fines.

b) Intrínsecos, que son las acciones efectuadas por su valor intrínseco, es decir, acciones realizadas por sí y para sí mismas.

La definición de la vida buena ("The good life")

El error de los hombres para distinguir entre los fines instrumentales e intrínsecos, es lo que conduce, en parte, a la definición errónea de la buena vida o el bien vivir. Las masas tienden a creer que la felicidad ha de encontrarse en una vida de disfrute y placer y por lo tanto, la felicidad se puede obtener si se dispone del dinero suficiente. Aristóteles rechaza esta definición del bien vivir, señalando que el dinero es sólo un medio para algo más y no un fin en sí mismo.

Por otra parte, prosigue el análisis, una vida de placeres materiales supone el estar esclavizados por los apetitos, así como la búsqueda del honor y la gloria se persiguen como medios porque se piensa que al lograrlos, uno será feliz.

La felicidad, como fin intrínseco debe reunir tres condiciones: Primero, el fin último ha de ser auto-suficiente, es decir, deseable en sí y no carecer de nada. En segundo lugar, este fin debe ser definitivo o final; en este sentido, el bien último ha de tener valor intrínseco y no instrumental. Por último, este fin debe ser alcanzable puesto que una meta que no puede ser lograda o alcanzada en principio, conducirá a la frustración. Con todo y este análisis, Aristóteles no llega a una definición de felicidad, aunque las tres condiciones mencionadas ayudan a distinguir aquello que no se puede definir como felicidad.

Para descubrir el bien último del hombre, es decir, aquello que lo hace verdaderamente feliz, ha de asumirse la perspectiva teleológica y distinguir la función distintiva o única de la naturaleza humana. Como se mencionó antes, Aristóteles concluye que la cualidad particular del hombre se encuentra en la razón y por lo tanto, el ejercicio de sus capacidades racionales es lo que ha de hacer posible la realización de esta función distintiva. Entonces, la felicidad, según Aristóteles, se encuentra en una vida de contemplación racional.

La buena vida, o el bien vivir para el hombre, se encuentra en el ejercicio de su facultad racional de acuerdo con la excelencia o virtud.

La definición de virtud y el justo medio.

Aristóteles distingue dos clases de virtudes del alma:

a) la virtud intelectual, que supone nuestra habilidad de pensar.

b) la virtud moral, que se refiere al actuar correctamente de acuerdo con la razón.

Ahora bien, la virtud moral no nos es dada por la naturaleza, aunque tampoco se opone a ella. Más bien, la naturaleza nos proporciona la capacidad para adquirir esta virtud a través del entrenamiento adecuado. Así, una persona se hace justa a través de la realización de actos justos. Las virtudes como la moderación y el valor, por ejemplo, no son innatas, sino que se cultivan y perfeccionan a través del desarrollo de hábitos específicos.

Para aclarar un poco más lo que significa la virtud moral, Aristóteles dividió la personalidad humana en tres elementos:

Las pasiones incluyen las emociones, tales como la ira y el miedo, mientras que las facultades suponen la habilidad para sentir tales emociones. Como la ira y el miedo, o sus facultades respectivas, no son, en sí mismas merecedoras de elogio o reprobación, Aristóteles concluyó que la virtud moral debía descansar en el estado del carácter.

La virtud moral aristotélica se encuentra en el estado del carácter que permite a las personas realizar sus funciones buscando el punto intermedio entre extremos opuestos de excesos o deficiencias, esto es el Justo Medio.

Ahora bien, un acto virtuoso, no garantiza el que una persona sea virtuosa. La persona virtuosa debe disfrutar el serlo, el individuo virtuoso elige el ser virtuoso y no se lamenta por ello. La virtud, en sí misma, supone su propia recompensa.

Otras condiciones para la virtud suponen, que el individuo sepa lo que está haciendo, que esta acción haya sido elegida conciente y deliberadamente y que se realice por la acción misma. Finalmente, la acción realizada no debe ser un incidente aislado, sino más bien una manifestación de un estado perdurable del carácter. Así, un donativo no hace a una persona caritativa. Tampoco lo es si se efectúa para crear una reputación o para lograr una reducción de impuestos.

De acuerdo con Aristóteles, el acto de dar, debe ser realizado por sí mismo.

La virtud no se aplica a todas las actividades, y el justo medio no existe para todo tipo de comportamiento. Se puede beber o comer con moderación, pero no se puede robar, matar o cometer adulterio con moderación; tampoco se puede establecer el justo medio para el odio, la envidia o el rencor. Estas últimas actitudes y comportamientos son malos en sí mismos.

Falikowski (1990) nos ofrece algunos ejemplos de las virtudes que Aristóteles presenta en su "Etica Nicomaquea"; virtudes que representan el justo medio así como los vicios que nos indican los extremos opuestos de excesos o deficiencias. El valor, por ejemplo, es la virtud entre los vicios de la cobardía y la osadía estúpida; la modestia es el justo medio entre el apocamiento y la desvergüenza; la indignación justa, es la virtud entre la envidia y lamalicia mientras que la aspiración es el punto medio entre la ambición y la pereza.

Para terminar esta breve exposición, agregaremos que Aristóteles define el bien no tanto en función de seguir un sistema de principios últimos, o de obedecer reglas, o calcular las consecuencias agradables, sino más bien en términos de la excelencia humana. Se vive una buena vida, o se vive bien, al desarrollar un estado particular del carácter que predispone a elegir el justo medio entre la deficiencia y el exceso.

Referencias bibliográficas:

(1) Platón, citado por Falikowski, A.F. Moral Philosophy. Theories, Skills and Applications. Prentice-Hall, Inc., New Jersey, U.S.A., 1990. (p.10).

(2) Platón, citado por Falikowski, Op. Cit., (p.12).